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4 SALUD "LA VIDA AL AIRE LIBRE Y LA ACTIVIDAD FÍSICA"


SECCIÓN IV
El ejemplo de Cristo *
La vida terrenal del Salvador fue una vida de comunión con la naturaleza y con Dios. En esta comunión nos reveló el secreto de una vida llena de poder... Mientras trabajaba en el banco del carpintero y llevaba las cargas de la vida doméstica, mientras aprendía las lecciones de la obediencia y del sufrimiento, hallaba solaz en las escenas de la naturaleza, de cuyos misterios adquiría conocimiento al procurar comprenderlos. Estudiaba la Palabra de Dios, y sus horas más felices eran las que, terminado el trabajo, podía pasar en el campo, meditando en tranquilos valles y en comunión con Dios, ora en la falda del monte, ora entre los árboles de la selva. El alba le encontraba a menudo en algún retiro, sumido en la meditación, escudriñando las Escrituras, o en oración. Con su canto daba la bienvenida a la luz del día. Con himnos de acción de gracias amenizaba las horas de labor, y llevaba la alegría del cielo a los rendidos por el trabajo y a los descorazonados.
En el curso de su ministerio, Jesús vivió mucho al aire libre. Allí dio buena parte de sus enseñanzas mientras viajaba a pie de poblado en poblado. Para instruir a sus discípulos, huía frecuentemente del tumulto de la ciudad a la tranquilidad del campo, que estaba más en armonía con las lecciones de sencillez, fe y abnegación que quería darles. . .
Agradaba a Cristo reunir al pueblo en torno suyo, al raso, en un verde collado, o a orillas del lago. Allí, rodeado de 160 las obras de su propia creación, podía desviar los pensamientos de la gente de lo artificioso a lo natural. En el crecimiento y desarrollo de la naturaleza se revelaban los principios de su reino. Al alzar la vista hacia los montes de Dios y al contemplar las maravillosas obras de su mano, los hombres podían aprender valiosas lecciones de verdad divina. En días venideros las lecciones del divino Maestro les serían repetidas por las cosas de la naturaleza. La mente se elevaría y el corazón hallaría descanso. . .
Al decir Jesús a sus discípulos que la mies era mucha y pocos los obreros, no insistió en que trabajaran sin descanso, sino que les mandó: "Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies". Y hoy también el Señor dice a sus obreros fatigados lo que dijera a sus primeros discípulos: "Venid vosotros aparte,... y reposad un poco".
Todos los que están en la escuela de Dios necesitan de una hora tranquila para la meditación, a solas consigo mismos, con la naturaleza y con Dios... Cada uno de nosotros ha de oír la voz de Dios hablar a su corazón. Cuando toda otra voz calla, y tranquilos en su presencia esperamos, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios. El nos dice: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios". Esta es la preparación eficaz para toda labor para Dios. En medio de la presurosa muchedumbre y de las intensas actividades de la vida, el que así se refrigera se verá envuelto en un ambiente de luz y paz. Recibirá nuevo caudal de fuerza física y mental. Su vida exhalará fragancia y dará prueba de un poder divino que alcanzará a los corazones de los hombres. 161
La naturaleza: un libro de lecciones *
Cristo enseñaba a sus discípulos junto al lago, sobre la ladera de la montaña, en los campos y arboledas, donde pudieran mirar las cosas de la naturaleza con las cuales ilustraba sus enseñanzas. Y mientras aprendían de Cristo, usaban sus conocimientos al cooperar con él en su obra.
De esta suerte, mediante la creación hemos de familiarizarnos con el Creador. El libro de la naturaleza es un gran libro de texto, que debemos usar conjuntamente con las Escrituras para enseñar a los demás acerca del carácter de Dios y para guiar a las ovejas perdidas de vuelta al aprisco del Señor. Mientras se estudian las obras de Dios, el Espíritu Santo imparte convicción a la mente. No se trata de la convicción que producen los razonamientos lógicos; y a menos que la mente haya llegado a estar demasiado oscurecida para conocer a Dios, la vista demasiado anublada para verlo, el oído demasiado embotado para oír su voz, se percibe un significado más profundo, y las sublimes verdades espirituales de la Palabra escrita quedan impresas en el corazón.
En estas lecciones que se obtienen directamente de la naturaleza hay una sencillez y una pureza que las hace del más elevado valor. Todos necesitan las enseñanzas que se han de sacar de esta fuente. Por sí misma, la hermosura de la naturaleza lleva al alma lejos del pecado y de las atracciones mundanas y la guía hacia la pureza, la paz y Dios. Demasiado a menudo las mentes de los estudiantes están ocupadas por las teorías y especulaciones humanas, falsamente llamadas ciencia y filosofía. Necesitan ponerse en íntimo contacto con la naturaleza. Aprendan ellos que la creación y el cristianismo tienen un solo Dios. Sean enseñados a ver la armonía de lo natural con lo espiritual. 162
Conviértase todo lo que ven sus ojos y tocan sus manos en una lección para la edificación del carácter. Así las facultades mentales serán fortalecidas, desarrollado el carácter, y ennoblecida la vida toda.
El propósito que Cristo tenía al enseñar por parábolas corría parejas con su propósito en lo referente al sábado. Dios dio a los hombres el recordativo de su poder creador, a fin de que lo vieran en las obras de sus manos. El sábado nos invita a contemplar la gloria del Creador en sus obras creadas. Y a causa de que Jesús quería que lo hiciéramos, relacionó sus preciosas lecciones con la hermosura de las cosas naturales. En el santo día de descanso, más especialmente que en todos los demás días, debemos estudiar los mensajes que Dios nos ha escrito en la naturaleza. Debemos estudiar las parábolas del Salvador allí donde las pronunciara, en los prados y arboledas, bajo el cielo abierto, entre la hierba y las flores. Cuando nos acercamos íntimamente al corazón de la naturaleza, Cristo hace que su presencia sea real para nosotros, y habla a nuestros corazones de su paz y amor.
Y Cristo ha vinculado su enseñanza, no sólo con el día de descanso, sino con la semana de trabajo. Tiene sabiduría para aquel que dirige el arado y siembra la simiente. En el barbecho y en la siembra, el cultivo y la cosecha, nos enseña a ver una ilustración de su obra de gracia en el corazón. Así, en cada ramo de trabajo útil y en toda asociación de la vida, él desea que encontremos una lección de verdad divina. Entonces nuestro trabajo diario no absorberá más nuestra atención ni nos inducirá a olvidar a Dios; nos recordará continuamente a nuestro Creador y Redentor. El pensamiento de Dios correrá cual un hilo de oro a través de todas nuestras preocupaciones del hogar y nuestras labores. Para nosotros la gloria de su rostro descansará nuevamente sobre la faz de la naturaleza. Estaremos aprendiendo de continuo nuevas lecciones de verdades celestiales, y 163 creciendo a la imagen de su pureza. Así seremos "enseñados de Jehová"; y cualquiera sea la suerte que nos toque permaneceremos con Dios. *
En el campo *
Mientras asistía a la reunión campestre de Los Ángeles, en agosto de 1901, en visiones de la noche, me hallaba presente en una reunión de junta. Se estudiaba la cuestión del establecimiento de un sanatorio en el sur de California. Algunos sostenían que este sanatorio debía construirse en la ciudad de Los Ángeles y puntualizaron las objeciones a establecerlo fuera de la ciudad. Otros presentaron las ventajas de localizarlo en el campo.
Entre nosotros había Uno que presentó este asunto muy claramente y con la mayor sencillez. Nos dijo que establecer el sanatorio dentro de los límites de la ciudad sería un error. Un sanatorio debería poseer la ventaja de tener tierras abundantes, para que los inválidos puedan trabajar al aire libre. El trabajo al aire libre es de un valor incalculable para los pacientes nerviosos, pesimistas y débiles. Al usar el rastrillo, el azadón y la pala, hallarán alivio para muchos de sus males. La inactividad es la causa de muchas enfermedades.
La vida al aire libre es buena para el cuerpo y la mente. Es la medicina que Dios ha diseñado para la restauración de la salud. El aire puro, el agua limpia, la luz del sol y los hermosos parajes naturales son sus medios para devolverle la salud al enfermo, en armonía con la naturaleza. El acto 164 de recostarse a la luz del sol o bajo la sombra de los árboles es más valioso que la plata y el oro para el enfermo.
En el campo nuestros sanatorios pueden estar rodeados de árboles y flores, de huertos y viñedos. Aquí los médicos y las enfermeras pueden sacar fácilmente de la naturaleza lecciones que enseñar acerca de Dios. Conduzcan ellos a sus pacientes hacia Aquel cuya mano creó los elevados árboles, el alfombrado pasto y las flores hermosas, y anímenlos a ver en cada brote que surja y en cada capullo que se abra una expresión del amor divino hacia sus hijos.
Es la expresa voluntad de Dios que nuestros sanatorios se establezcan tan lejos de las ciudades como sea prudente. En la medida de lo posible estas instituciones deberían situarse en lugares tranquilos y apartados, donde se tenga la oportunidad de instruir a los pacientes acerca del amor de Dios y del hogar edénico de nuestros primeros padres, que será devuelto a los seres humanos gracias al sacrificio de Cristo.
En los esfuerzos que se realicen para restaurar la salud de los enfermos se deberán utilizar las cosas hermosas de la creación del Señor. Las actividades tales como la observación de las flores, la recolección de frutas maduras, y escuchar los cantos felices de las aves, producen un efecto peculiarmente beneficioso sobre el sistema nervioso. De la vida al aire libre, hombres y mujeres y niños experimentan el deseo de ser puros y sin mancha. Mediante las influencias de las propiedades reanimadoras y vivificantes de los grandes recursos medicinales de la naturaleza, se fortalecen las funciones del cuerpo, se despierta el intelecto, se aviva la imaginación, cobra vida el espíritu y la mente se prepara para apreciar la hermosura de la Palabra de Dios.
Los enfermos recobran la salud cuando estas circunstancias se combinan con la influencia de un tratamiento cuidadoso y de una alimentación sana. El paso débil recupera su elasticidad. El ojo recobra su brillantez. El desesperanzado vuelve a tener esperanza. El semblante, abatido hasta 165 hace poco, luce ahora una expresión de regocijo. El sonido quejumbroso de la voz se ve reemplazado por un tono de contentamiento. Ahora las palabras expresan la convicción de que "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones" (Salmo 46: 1). Se ha vuelto brillante la esperanza nublada del cristiano. Se ha recuperado la fe. Y se oyen las palabras: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento". "Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador". "El da fuerza al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas" (Salmo 23: 4; Lucas 1: 46; Isaías 40: 29). La mente se vigoriza al reconocer que es la bondad de Dios la que provee estas bendiciones. Al ver que sus dones son apreciados, Dios está muy cerca y se muestra complacido.
La fuente de curación
Por medio de los agentes naturales, Dios obra día tras día, hora tras hora y en todo momento, para conservarnos la vida, fortalecernos y restaurarnos. Cuando alguna parte del cuerpo sufre perjuicio, empieza el proceso de curación; los agentes naturales actúan para restablecer la salud. Pero lo que obra por medio de estos agentes es el poder de Dios. Todo poder capaz de dar vida procede de él. Cuando alguien se repone de una enfermedad, es Dios quien lo sana.
La enfermedad, el padecimiento y la muerte son obra de un poder enemigo. Satanás es el que destruye; Dios el que restaura.
Las palabras dirigidas a Israel se aplican hoy a los que recuperan la salud del cuerpo o la del alma: "Yo soy Jehová tu Sanador".
El deseo de Dios para todo ser humano está expresado en las palabras: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en 166 todas las cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad".
"El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias".­ El ministerio de curación, págs. 75-76.
El valor de la vida al aire libre
Las grandes instituciones médicas de nuestras ciudades, así llamadas sanatorios, hacen sólo una parte del bien que podrían realizar si estuvieran situadas donde los pacientes pudieran gozar de los beneficios de la vida al aire libre. Se me ha instruido acerca de la necesidad de establecer sanatorios en muchos lugares del país, y se me ha dicho que la obra de estas instituciones contribuirá grandemente al adelanto de la causa de la salud y la justicia.
Las cosas de la naturaleza son bendiciones de Dios, provistas para promover la salud del cuerpo, la mente y el alma. Se ofrecen a los sanos para mantenerlos sanos y a los enfermos para sanarlos. Cuando se las usa en conexión con los tratamientos hidroterápicos, son más efectivas en la restauración de la salud que todas las demás drogas y medicamentos del mundo.
La naturaleza es el médico de Dios *
Los enfermos encuentran en el campo muchas cosas que distraen su atención de sí mismos y de sus sufrimientos. Dondequiera, pueden observar las cosas hermosas de la naturaleza y gozar de ellas: las flores, los campos, los árboles frutales cargados de sus ricos tesoros, los árboles de la floresta con su agradable sombra, y los cerros y valles de 167 variada vegetación con sus múltiples formas de vida.
Pero este ambiente no sólo les sirve para entretenerse, sino que en él aprenden las más preciosas lecciones espirituales. Al hallarse rodeados por las maravillosas obras de Dios, sus mentes se elevan de las cosas visibles a las que no se ven. La hermosura de la naturaleza los induce a pensar en las bellezas inigualables de la tierra nueva, donde no habrá nada que interrumpa su tranquilidad, nada que manche ni destruya, nada que cause enfermedad ni muerte.
La naturaleza es el médico de Dios. El aire puro, la alegre luz del sol, las hermosas flores y los árboles, los huertos y los viñedos, y el ejercicio al aire libre practicado en ese ambiente, son elementos que prodigan salud: son el elixir de la vida. La única medicina que necesitan muchos inválidos es la vida al aire libre. Ejerce una influencia poderosa en la sanidad de las enfermedades causadas por la vida cómoda, esa clase de vida que debilita y destruye las fuerzas físicas, mentales y espirituales.
¡Cuán preciosas resultan la quietud y la libertad del campo para los inválidos débiles acostumbrados a la vida de la ciudad, al brillo de muchas luces y al ruido de las calles! ¡Con cuánto gusto admiran las escenas de la naturaleza! ¡Cuán contentos se sentirían de poder gozar de las conveniencias de un sanatorio en el campo, donde pudieran sentarse al aire libre, gozar del sol, y respirar la fragancia de los árboles y las flores! Existen propiedades salutíferas en el bálsamo de los pinos y en la fragancia de los cedros y los abetos. Y hay otros árboles que contribuyen a la buena salud. No se corten esos árboles irresponsablemente. Cuídense en donde crecen en abundancia, y plántense más donde hay sólo algunos.
Nada tiende más a restaurar la salud y la felicidad del inválido crónico como vivir en un atractivo ambiente campestre. Allí, hasta los casos desahuciados se pueden sentar o recostar al sol o a la sombra de los árboles. Con 168 solo levantar la vista pueden observar la hermosura del follaje. Al hacerlo, se sorprenden de que nunca antes se hayan percatado de la gracia con que se doblan las ramas para formar una sombrilla viviente sobre ellos, prodigándoles exactamente la sombra que necesitan. Mientras escuchan el murmullo de la brisa, experimentan una dulce sensación de descanso y renovación. Los espíritus decaídos reviven. Se recobran las tuerzas gastadas. Sin siquiera notarlo se aquieta la mente agitada y se calma y regulariza el pulso afiebrado. A medida que el enfermo se fortalece, se aventura a dar unos pasos para cortar algunas de las hermosas flores silvestres, esos preciosos mensajeros del amor de Dios para su afligida familia terrenal.
El ejercicio saludable hará milagros
Anímese a los pacientes a pasar muchas horas al aire libre. Háganse planes para mantenerlos afuera donde puedan tener comunión con Dios a través de la naturaleza. Sitúense los sanatorios en terrenos grandes, donde los pacientes tengan la oportunidad de hacer ejercicios saludables mediante el cultivo de la tierra. Esa clase de ejercicios, combinados con tratamientos naturales realizará milagros en la obra de restaurar y fortalecer el cuerpo enfermo, a la vez que aliviar la mente cansada y desgastada. Al hallarse rodeados de condiciones favorables, los pacientes no requerirán de tanto cuidado como si estuvieran confinados en algún hospital de la ciudad. En el campo tampoco se sentirán tan inclinados a mostrarse descontentos ni a quejarse. Estarán dispuestos a aprender acerca del amor de Dios, y listos a aceptar que Aquel que cuida de las aves y las flores en forma tan maravillosa, cuidará del mismo modo de las criaturas hechas a su propia imagen. A los médicos y sus ayudantes se les da así la oportunidad de alcanzar las almas, poniendo en alto al Dios de la naturaleza delante de los que buscan la restauración de su salud. 169
Un pequeño sanatorio rural
Durante la noche se me dio la visión de un sanatorio en el campo. La institución no era grande pero tenía todo lo que necesitaba. Se hallaba rodeada de hermosos árboles, más allá de los cuales se veían huertas y bosquecillos. Había jardines en los terrenos, donde los pacientes, si lo deseaban, podían cultivar flores de todas clases; cada paciente elegía su propio lugar para trabajar. El ejercicio al aire libre que se realizaba en estos jardines constituía una parte del tratamiento regular que se les había prescrito.
Ante mi vista pasó una escena tras otra. En una de ellas pude observar a un grupo de pacientes que acababan de llegar a nuestro sanatorio campestre. En otra vi al mismo grupo; pero, ¡ah, cuán transformados se veían ! La enfermedad había desaparecido, la piel estaba limpia, feliz el rostro; sus cuerpos y sus mentes parecían animados de una vida nueva.
Lecciones objetivas vivientes *
También se me mostró que a medida que en nuestros sanatorios les sea restaurada la salud a los enfermos, y estos regresen a sus hogares, constituirán lecciones objetivas para todos y muchos otros se impresionarán favorablemente al observar la transformación producida en ellos. Muchos de los enfermos y sufrientes abandonarán las ciudades para ir al campo, rehusando conformarse con los hábitos, modas y costumbres de la vida de la ciudad; preferirán buscar la recuperación de su salud en uno de nuestros sanatorios campestres. Así, aunque estemos separados de la ciudad entre 30 y 45 kilómetros, de todos modos podremos alcanzar a la gente, y los que andan en busca de salud tendrán la oportunidad de recuperarla bajo las condiciones más favorables.
Dios realizará milagros en favor nuestro si tan sólo 170 colaboramos con él con fe. Prosigamos, entonces, un curso de acción inteligente, para que nuestros esfuerzos sean bendecidos por el Cielo y coronados con el mejor de los éxitos.
Ejercicio, aire y luz solar *
La principal razón, si no la única, por la que muchos se transforman en inválidos es que la sangre no circula libremente, y los cambios del líquido vital, necesarios para la vida y la salud, no se realizan. No han dado ejercicio a sus cuerpos ni alimento a sus pulmones, que es el aire puro y fresco; por lo tanto, es imposible vitalizar la sangre, la que sigue su curso perezosamente por el organismo. Cuanto más ejercicio hagamos, mejor será la circulación de la sangre.
Más gente muere por falta de ejercicio que por exceso de fatiga; son más los que se echan a perder por el ocio que por el ejercicio. Los que se acostumbran a hacer ejercicio apropiado al aire libre, generalmente tienen una buena y vigorosa circulación. Dependemos más del aire que respiramos que de los alimentos que ingerimos. Los hombres y las mujeres jóvenes y mayores, que desean tener buena salud, y que les gustaría tener una vida activa, debieran recordar que no pueden tenerlas sin una buena circulación. Cualquiera que sea su ocupación o inclinación, debieran decidirse a ejercitarse al aire libre todo lo posible. Debieran considerar que es un deber religioso superar el estado de salud que los ha mantenido confinados en el interior de sus casas, privados del ejercicio al aire libre. 171
Algunos inválidos llegan a obstinarse en este asunto y se niegan a aceptar la gran importancia del ejercicio diario al aire libre, por el cual pueden obtener una provisión de aire puro. Por temor de tomar frío, persisten, año tras año, en hacer su voluntad y vivir en un ambiente sin vitalidad. Es imposible para esta clase de personas tener una circulación saludable. El organismo completo sufre por falta de ejercicio y aire puro. La piel se debilita y se vuelve más sensible a cualquier cambio atmosférico. Se ponen ropa adicional y aumentan el calor de las habitaciones. El día siguiente requieren un poco más de calor y un poco más de ropa para sentirse perfectamente abrigados; y así su estado anímico se altera con los cambios, hasta que tienen muy poca vitalidad para soportar el frío.
Algunos preguntan: "¿Qué haremos? ¿Quiere que pasemos frío?" Si agregáis ropa, que sea muy poca, y haced ejercicio, si es posible, para recuperar el calor que necesitáis. Si realmente no podéis hacer ningún ejercicio activo, calentaos junto al fuego; pero tan pronto como entréis en calor, quitaos la ropa extra y alejaos del fuego. Si los que pueden, se ocuparan de una labor activa para apartar los pensamientos de sí mismos, generalmente se olvidarían de que sentían frío y no se perjudicarían. Debierais bajar la temperatura de vuestra habitación tan pronto como hayáis recuperado vuestro calor habitual. Para los inválidos que tienen los pulmones débiles, nada es peor que un ambiente muy caliente. 172
El plan original
Nunca fue el propósito de Dios que sus hijos vivieran amontonados en las ciudades, apiñados en apartamento y conventillos. Al comienzo colocó a nuestros primeros padres en un jardín, en medio de preciosos paisajes y de los sonidos atractivos de la naturaleza, y esos son los mismos paisajes y sonidos en los cuales anhela que el hombre se regocije todavía hoy. Mientras más nos acerquemos a andar en armonía con el plan original de Dios, más favorable será nuestra posición para recobrar la salud y preservarla.­ Testimonios para la iglesia, tomo 7, pág. 87.
Confinamiento en la escuela *
El sistema de educación que se ha llevado a cabo por generaciones ha sido dañino para la salud y aún para la misma vida. Muchos niños han pasado cinco horas cada día en aulas pobremente ventiladas de dimensiones insuficientes para acomodar saludablemente a los estudiantes. El aire en tales aulas pronto se convierte en un veneno para los pulmones que lo respiran.
Niños, cuyas extremidades y músculos no son fuertes, y cuyos cerebros están en desarrollo han sido confinados entre paredes, lo que les ha causado gran daño. Muchos ya tienen una salud muy precaria. Estar confinados en las escuelas día tras día los hace nerviosos y enfermizos. Sus cuerpos están mal desarrollados debido a que su sistema nervioso esta exhausto. Y si la lámpara de la vida se apaga, los padres y los maestros no consideran que tuvieron alguna influencia directa en apagar la chispa vital.
Al pararse junto a la tumba de sus hijos, los afligidos padres consideran su sufrimiento como una dispensación 173 especial de la Providencia, cuando, por inexcusable ignorancia, su propia conducta ha destruido la vida de sus niños. En tal condición, es una blasfemia culpar a Dios de su muerte. El quería que los pequeños vivieran y fueran disciplinados, que pudieran tener bellos caracteres y lo glorificaran en este mundo y lo alabaran en el mundo mejor.
Ignorancia de los requerimientos de la naturaleza
Al asumir la responsabilidad de entrenar a los niños, los padres y maestros no sienten su obligación ante Dios de familiarizarse con el organismo físico, capacitándose para tratar los cuerpos de sus hijos y pupilos de tal manera que les preserven la vida y la salud. Miles de niños mueren debido a la ignorancia de los padres y maestros. Las madres gastan tiempo innecesario haciendo ropa para ellas y su familia, con el propósito de lucirlas en público, y después dicen que no tienen tiempo para leer y obtener la información necesaria para cuidar la salud de sus hijos. Piensan que es menos molestia confiar sus cuerpos a los doctores. A fin de estar a la moda, muchos padres han sacrificado la salud y la vida de sus niños.
La mayoría de las madres no se interesan en conocer el maravilloso organismo humano, los huesos, los músculos, el estómago, el hígado, los intestinos, el corazón, los poros de la piel, y no se interesan en entender la interdependencia que existe entre los órganos a fin de funcionar en forma saludable. No saben nada acerca de la influencia que el cuerpo tiene sobre la mente y viceversa. Cada órgano del cuerpo fue diseñado para ser un siervo de la mente. La mente es la capital del cuerpo.
Generalmente se les permite a los niños comer carne, especias, mantequilla, queso, puerco, pasteles elaborados y condimentos . También se les permite comer alimentos no saludables a horas irregulares. Estas cosas, enferman el estómago, estimulando los nervios para realizar una acción 174 no natural, y debilitan el intelecto. Los padres no se dan cuenta que están sembrando la semilla que traerá enfermedad y muerte.
Niños que se han enfermado por mucho estudio
La vida de muchos niños ha sido arruinada al exigírsele demasiado al intelecto y al descuidar al mismo tiempo las facultades físicas. Muchos han muerto en su niñez debido al camino seguido por padres y maestros sin juicio que han forzado su intelecto, con amenazas o lisonjas, cuando eran demasiado jóvenes para estar encerrados en el aula de clases. Sus mentes han sido sobrecargadas con lecciones, en vez de esperar hasta que su constitución física fuera suficientemente fuerte para soportar el esfuerzo mental. Debe permitirse a los niños pequeños que corran libremente como corderitos, que sean felices, y deben proveérseles las oportunidades más favorables para establecer los cimientos de constituciones sanas.
Los padres deben ser los únicos maestros de sus pequeños hasta que éstos hayan cumplido de ocho a diez años. Los padres deben abrir ante sus hijos el gran libro de la naturaleza de Dios, tan pronto como ellos puedan comprenderlo. La madre debe tener menos amor por lo artificial en su hogar, no debe gastar tanto tiempo en coser vestidos con el propósito de lucirlos en público pero sí debe encontrar tiempo para cultivar, en ella y en sus hijos, el amor por los bellos capullos y las plantas florecientes. Al llamar la atención de sus hijos hacia los diferentes colores y la variedad de formas, los puede introducir a Dios, quien hizo todas las cosas bellas que atraen su atención y los deleitan. Ella puede guiar sus mentes hacia el Creador y despertar en sus corazones jóvenes el amor por su Padre celestial, quien ha manifestado tan grande amor por ellos. Los padres pueden asociar a Dios con todas sus obras creadas. El único salón de clases para los niños menores de 175 diez a ocho años, debe estar al aire libre, en medio de las flores del bello escenario de la naturaleza. Y los tesoros de la naturaleza deben constituir su único libro de texto. Estas lecciones, impresas en las mentes de los pequeños en medio de las agradables y atractivas escenas naturales, no serán olvidadas prontamente.
A fin de que los niños y los jóvenes tengan salud, ánimo, vivacidad y un cerebro y unos músculos bien desarrollados, deben pasar suficiente tiempo al aire libre y se les deben regular bien el trabajo y la distracción. Los niños y jóvenes que se mantienen en la escuela confinados a los libros no pueden tener una constitución física saludable. Ejercitar el cerebro mediante el estudio, sin el correspondiente ejercicio físico, tiene la tendencia de atraer la sangre al cerebro y desbalancear la circulación en todo el organismo. El cerebro tiene mucha sangre y las extremidades tienen poca. Deben existir reglas que limiten sus estudios a ciertas horas y una porción de su tiempo debe emplearse en hacer ejercicio físico. Y si los hábitos de la comida, el sueño y el vestido están en armonía con las leyes físicas, podrán obtener una educación sin sacrificar la salud física y mental.
Métodos sencillos
La adopción de métodos más sencillos será apreciada por niños y jóvenes. El trabajo en el jardín y en el campo será un cambio aceptable de la rutina cansadora de lecciones abstractas, a la que nunca deben ser confinadas las mentes tiernas. Será de especial valor para los niños y jóvenes nerviosos que encuentran estas lecciones extenuantes y difíciles de recordar. El estudio de la naturaleza les proporciona salud y felicidad; y las impresiones hechas no se borrarán de sus mentes, porque serán asociadas con objetos que constantemente están ante sus ojos.­ Consejos para los maestros, pág. 179. 176
Equilibrio entre el trabajo físico y el mental *
Todas las facultades cerebrales deben ser desarrolladas a fin de que los hombres y las mujeres tengan mentes bien balanceadas. El mundo está lleno de hombres y mujeres de mentes obtusas, que han llegado a esa condición debido a que desarrollaron sólo un grupo de sus facultades, mientras que las demás se atrofiaron por falta de uso. La educación de la mayoría de los jóvenes es un fracaso. Estudian demasiado mientras descuidan los aspectos prácticos de la vida. Los hombres y las mujeres se convierten en padres sin considerar las responsabilidades y su descendencia humana. Así la raza se está degenerando rápidamente. La constante aplicación al estudio, tal como lo exigen las escuelas de la actualidad, no prepara a la juventud para la vida práctica. La mente humana siempre será activa; si no lo es en la dirección correcta, lo será en la incorrecta. A fin de conservar el equilibrio de la mente, el trabajo y el estudio deben ser combinados en nuestras escuelas.
Debiera haberse hecho provisión para la educación en mayor escala en generaciones pasadas. En conexión con las escuelas se deberían haber establecido fincas agrícolas y centros de fabricación. También se deberían haber tenido maestros de trabajos manuales y tareas del hogar. Y cada día debiera haberse dedicado una porción del tiempo al trabajo activo, de tal manera que las facultades físicas y mentales se pudieran desarrollar armoniosamente. Si las escuelas se hubieran establecido bajo el plan que hemos mencionado, no habría ahora tantas mentes desequilibradas. . .
He sido inducida a preguntar: ¿Debe sacrificarse todo lo que es de valor en nuestros jóvenes para que puedan obtener una educación escolar? Si hubieran existido establecimientos agrícolas y manufactureros en nuestras 177 escuelas, y si se hubieran empleado maestros competentes para educar a los jóvenes en las diferentes ramas de estudio y trabajo, dedicando una porción de cada día para el mejoramiento de la mente y otra parte para el trabajo físico, ahora existiría una juventud más elevada y dispuesta a entrar en el terreno de acción para influir en la formación de la sociedad. Muchos de los jóvenes que se graduaran de tales instituciones, saldrían con estabilidad de carácter. Tendrían perseverancia, fortaleza y valor para sobrepasar obstáculos y poseerían principios tales que no los dejarían ser movidos de un lado a otro por las malas influencias, por muy populares que éstas fueran. . .
Las jovencitas debieron haber sido instruidas en la manufactura de prendas de vestir, en cortar, hacer y remendar ropa, preparándose así para realizar los deberes prácticos de la vida. Deben haber establecimientos donde los jóvenes puedan aprender diferentes oficios, que requieran tanto el ejercicio de sus músculos como el de sus mentes. Si los jóvenes tuvieran acceso sólo a una educación limitada, ¿cuál sería más esencial, un conocimiento de las ciencias, con todas las desventajas para la salud y la vida, o un conocimiento del trabajo para la vida practica? Respondemos sin vacilación que la última sería de mayor beneficio. Si algo se debe descuidar, que sea el estudio de los libros.
Muchas señoritas se han casado y tienen familia, pero saben poco acerca de los deberes de una madre y esposa. Pueden tocar un instrumento de música pero no saben cocinar. Ignoran cómo hacer un buen pan, algo que es esencial para la salud de la familia. No pueden cortar ni hacer ropa, porque nunca aprendieron. Consideraron estas tareas como cosas de poca importancia y después de casadas, tanto ellas como sus niños, dependen de otras personas para el cumplimiento de estos deberes. Esta ignorancia inexcusable de los deberes más importantes de la vida, es lo que hace infelices a muchas familias. 178
La idea de que el trabajo es degradante ha llevado a muchos a la tumba prematuramente. Aquellos que realizan únicamente tareas manuales, frecuentemente trabajan en exceso, sin tomar períodos de descanso, mientras que los intelectuales sobrecargan el cerebro y sufren por falta de vigor saludable que produce el trabajo físico. Si el intelectual compartiera en cierta medida la carga de la clase trabajadora, y fortaleciera así los músculos, la clase trabajadora podría dedicar una porción de su tiempo a la cultura de la mente y del espíritu. Los de hábitos sedentarios y literarios, deben hacer trabajo físico, aunque no necesiten la remuneración monetaria. La salud debe ser motivo suficiente para inducirlos a combinar la labor física con la intelectual.
Se deben combinar las culturas física, moral e intelectual, a fin de formar hombres y mujeres bien desarrollados. Algunos poseen mayor fortaleza intelectual que otros, mientras que otros se inclinan a disfrutar de la labor física. Ambas clases deben mejorar cultivando los aspectos en que ahora son deficientes. . .
Las mentes de las personas intelectuales trabajan asiduamente, mientras que existe otra clase cuya más elevada ambición en la vida es el trabajo físico. Esta última no ejercita la mente. Sus músculos son ejercitados mientras que sus cerebros pierden el vigor intelectual; en la misma forma como las mentes de los intelectuales son desarrolladas, mientras que sus cuerpos pierden la fortaleza al no ejercitar los músculos. Los que se conforman con dedicar sus vidas al trabajo físico y dejan que otros piensen por ellos, tendrán mucha fuerza muscular, pero sus intelectos serán débiles. Su influencia para el bien es pequeña, comparada con lo que podría ser si desarrollaran sus cerebros al igual que sus músculos. Esta clase es vencida más fácilmente por la enfermedad. El sistema es vitalizado para 179 resistir la enfermedad, mediante la fuerza eléctrica del cerebro.
Las personas que poseen buenas facultades físicas deben aprender a pensar y actuar y no dejar que otros piensen por ellos. Es un error popular considerar que el trabajo es degradante. Debido a él, los jóvenes se muestran ansiosos por conseguir una educación intelectual, a fin de convertirse en maestros, oficinistas, comerciantes, abogados y ocupar casi cualquier posición que no requiera trabajo físico. Las señoritas consideran que el trabajo doméstico es degradante. Y aunque el trabajo físico requerido para realizar las tareas de la casa, si no es muy severo, promueve la salud, ellas buscarán una educación que las capacite para ser maestras u oficinistas, o aprenderán algún oficio que las confinará a empleos sedentarios. El color saludable desaparece de sus mejillas, y la enfermedad hace presa de ellas, porque se privan del ejercicio físico necesario y sus hábitos se pervierten. Quieren disfrutar de la vida delicada, lo cual no es sino enfermedad y decadencia.
Es cierto, las señoritas tienen razón por no escoger emplearse para realizar labores domésticas: porque los que contratan cocineras, generalmente las ven como sirvientas. Frecuentemente sus patrones no las respetan y las tratan como si no fueran dignas de pertenecer a sus familias. No les dan los mismos privilegios que les conceden a la costurera, la secretaria y la maestra de música. Pero no hay trabajo más importante que los quehaceres domésticos. Cocinar bien, presentar alimentos saludables en forma atractiva en la mesa, requiere inteligencia y experiencia. La persona que prepara los alimentos destinados a nuestros estómagos para ser convertidos en sangre que nutra nuestro sistema, ocupa el lugar más importante y elevado. La posición de copista, costurera o maestra de música no puede igualarse a la de la cocinera. 180
Lo que antecede es una declaración de lo que se podría haber logrado mediante un sistema de educación adecuado. El tiempo es muy corto ahora para realizar lo que podría haberse hecho en generaciones pasadas; pero todavía se puede hacer bastante, aun en estos últimos días, para corregir los males existentes en la educación de la juventud. Y debido a que el tiempo es corto, necesitamos trabajar celosamente para dar a los jóvenes une educación que esté de acuerdo con nuestras convicciones. Somos reformadores. Deseamos que nuestros hijos obtengan el mayor provecho de sus estudios. A fin de lograrlo, se les debe emplear en algo que ejercite sus músculos. El trabajo físico diario y sistemático debe constituir una parte de la educación de la juventud, aun en este período tardío. Mucho se puede lograr mediante el trabajo en nuestras escuelas. Siguiendo este plan, los estudiantes poseerán elasticidad de espíritu y vigor de pensamiento, y serán capaces de realizar mayor cantidad de trabajo intelectual que si se dedicaran al estudio solamente. De este modo saldrán de la escuela sin dañar su constitución física y con la fortaleza y el valor necesarios para perseverar en cualquier posición que la providencia de Dios les asigne. 181
Los resultados de la inacción física *
El plan de educación actual abre una puerta de tentación para los jóvenes. Aunque generalmente le dedican muchas horas al estudio también les quedan muchas horas libres. Estas horas se gastan frecuentemente de una manera descuidada. Los malos hábitos se transmiten de uno a otro y el vicio aumenta grandemente. Muchos jóvenes que han recibido instrucción religiosa en el hogar, y llegan a las escuelas relativamente inocentes y virtuosos, son corrompidos por las malas compañías. Pierden el respeto propio y sacrifican los principios nobles. Así se preparan para seguir una ruta descendente. El pecado no les parece tan pecaminoso, porque han abusado tanto de sus conciencias. Estos males, que prevalecen en las escuelas que siguen los planes de educación actuales, podrían remediarse si se combinara el estudio con el trabajo. Los mismos males existen en las escuelas de educación superior, pero en mayor grado, porque muchos de los jóvenes se han educado en el vicio y sus conciencias se han cauterizado.
Muchos padres sobreestiman la firmeza y las buenas cualidades de sus hijos. No parecen considerar que estarán expuestos a la influencia corruptora de jóvenes viciosos. Los padres sienten temor al enviar a sus hijos a escuelas lejanas, pero se consuelan pensando que sus hijos han tenido buenos ejemplos durante su vida escolar. Muchos padres no tienen sino una muy leve idea de la licenciosidad que existe en las instituciones de enseñanza. En muchos casos los padres han trabajado arduamente y han sufrido muchas privaciones para darles a sus hijos una buena educación. Y después de todos sus esfuerzos, muchos han sufrido la amarga experiencia de recibir a sus hijos con hábitos disolutos y cuerpos arruinados. Y frecuentemente son irrespetuosos con los 182 padres, ingratos y sin santidad. Estos padres sufridos, que reciben esa clase de recompensa de parte de sus hijos desagradecidos, lamentan haberlos enviado a ser expuestos a las tentaciones y que regresaran destrozados física, mental y moralmente. Con esperanzas chasqueadas y corazones quebrantados, ven a sus hijos, de quienes esperaban mucho, seguir un curso de vicio y arrastrar una existencia miserable. . .
Estudio inmoderado
Algunos estudiantes se dedican totalmente a sus estudios y se concentran en obtener una educación. Ejercitan el cerebro, pero permiten que las facultades físicas permanezcan inactivas. La mente se sobrecarga mientras los músculos se debilitan por falta de ejercicio. Cuando estos estudiantes se gradúan, es evidente que han obtenido su educación a costa de sus vidas. Han estudiado día y noche, año tras año, manteniendo sus mentes constantemente bajo tensión, pero han descuidado el ejercicio adecuado de los músculos. Lo sacrifican todo por el conocimiento de las ciencias y terminan en la tumba.
Frecuentemente las señoritas se entregan al estudio y descuidan otros aspectos de la educación más esenciales para la vida práctica que el estudio de los libros. Y después de haber obtenido su educación, están enfermas de por vida. Descuidaron su salud permaneciendo demasiado tiempo bajo techo, privándose del aire puro del cielo y de la luz del sol dada por Dios. Estas señoritas podrían haber salido de sus escuelas disfrutando de buena salud, si hubieran combinado los estudios con los quehaceres domésticos y el ejercicio al aire libre.
La salud es un gran tesoro. Es la más rica posesión que los mortales tienen. Si se adquiere riqueza, honor o conocimiento a costa de la salud, se está pagando un precio muy alto. Ninguno de estos logros puede dar felicidad si se 183 carece de salud. Abusar de la salud que Dios nos ha dado es un pecado terrible, porque cada vez que abusamos de ella, nos incapacitamos para hacerle frente a la vida, aunque hayamos obtenido una educación esmerada.
En muchos casos hay padres ricos que no sienten la importancia de entrenar a sus hijos en los deberes prácticos de la vida al mismo tiempo que los educan en las ciencias. No ven la necesidad de darles un conocimiento cabal del trabajo práctico, que será benéfico para el desarrollo mental y moral de sus hijos, y para su utilidad futura. Se deberían tomar estas medidas en beneficio de los hijos, para que si les ocurriera algo desafortunado, puedan salir adelante siendo capaces de mantenerse a sí mismos con el trabajo de sus manos. Si son dueños de un capital de energía, no serán pobres, aunque no tengan dinero. Muchas personas que en su juventud fueron ricas, pueden perder sus riquezas y verse en la necesidad de mantener a sus padres, hermanos y hermanas. ¡Cuán importante es que cada joven aprenda a trabajar de tal manera que esté preparado para hacerle frente a cualquier emergencia! Las riquezas son una maldición cuando sus poseedores permiten que sean un obstáculo para que sus hijos e hijas obtengan un conocimiento práctico del trabajo que los capacitará para tener éxito en la vida diaria.
Con frecuencia, los jóvenes que no son compelidos a trabajar no realizan suficiente ejercicio físico. Debido a que no ocupan sus mentes y manos en trabajos activos, adquieren hábitos de indolencia y a menudo consiguen lo que debe temerse más: una educación callejera, perdiendo el tiempo ociosamente en las tiendas, fumando, tomando y jugando a las cartas. . .
En muchos casos, la pobreza es una bendición, porque evita que los jóvenes y niños sean arruinados por la inactividad. Las facultades físicas y mentales deben ser cultivadas y desarrolladas adecuadamente. La preocupación 184 básica y constante de los padres debiera ser que sus hijos tengan cuerpos bien desarrollados, de tal manera que lleguen a ser hombres y mujeres saludables. Es imposible que este objetivo se alcance sin ejercicio físico. A los niños se les debe enseñar a trabajar, para beneficio de su salud física y moral, aunque no se tenga la necesidad económica. Si han de poseer caracteres puros y virtuosos, deben tener la disciplina de un trabajo bien regulados que ejercite todos los músculos. La satisfacción que los niños tendrán al sentirse útiles y al negarse a sí mismos para ayudar a otros, será el placer más saludable que puedan experimentar. ¿Por qué debieran los ricos perder esta gran bendición?
La indolencia es abominable
Padres, la inactividad es la mayor maldición que puede caer sobre la juventud. No deben permitir que sus hijas permanezcan en cama, desperdiciando las preciosas horas de la mañana que Dios les concede para que las utilicen de la manera más provechosa y de las cuales le tendrán que dar cuenta. La madre que no permite que sus hijas compartan con ella la carga de los quehaceres de la casa, les está haciendo un gran daño. Cuando los padres permiten que sus hijos sean indolentes y gratifiquen su deseo por la lectura de novelas de romance, no contribuyen a su capacitación para hacerle frente a la vida real. La lectura de novelas y cuentos es perjudicial para los jóvenes. Las lectoras de novelas e historias de amor, no son madres prácticas. Construyen castillos en el aire y viven en un mundo irreal, inventado por la imaginación. Se vuelven sentimentales y tienen fantasías enfermizas. Su vida artificial las incapacita para hacer nada de provecho. Su intelecto se ha degradado, aunque se engañan pensando que son más inteligentes y de buenos modales. El ejercicio realizado al hacer las tareas domésticas constituye un beneficio inmenso para las señoritas.
El trabajo físico no impedirá el desarrollo del intelecto. 185 Al contrario, los beneficios recibidos por el trabajo físico mantendrán el equilibrio de la persona, e impedirán que la mente se sobrecargue. Los músculos realizarán el trabajo, trayendo alivio para el cerebro cansado. Hay muchas jovencitas indiferentes inútiles que no consideran femenino realizar trabajo activo. Pero sus caracteres muestran su falta de valor. Se ríen tontamente y tratan de impresionar a otros con su conducta artificial. No pueden hablar como se debe sin reír neciamente. ¿Son éstas señoritas? No nacieron casquivanas, sino que llegaron a esa condición debido a la educación que recibieron. Para ser una señorita, no se necesita ser una chica inútil, que habla sin ton ni son, que viste en forma exagerada y actúa en forma ridícula. Para tener un intelecto saludable se requiere un cuerpo sano. La salud física y un conocimiento práctico de todos los quehaceres del hogar, nunca le harán sombra a un intelecto bien desarrollado; ambos son de suma importancia para una señorita. 186
Cultura física *
Los maestros con frecuencia se encuentran perplejos ante el problema de la recreación apropiada para sus alumnos. Los ejercicios gimnásticos son útiles en muchas escuelas, pero si no hay una vigilancia cuidadosa, son llevados a menudo al exceso. Muchos jóvenes, por hacer despliegue de fuerza en el gimnasio, se han dañado para toda la vida.
El ejercicio en el gimnasio por bien dirigido que sea, no puede sustituir a la recreación al aire libre, para la cual deberían proveer más oportunidades nuestras escuelas. Los alumnos deben hacer ejercicio vigoroso. Pocos males deben ser más temidos que la indolencia y la falta de propósito. Sin embargo, la tendencia de la mayor parte de los deportes atléticos es causa de preocupación para los que se interesan por el bienestar de la juventud. Los maestros se sienten turbados al considerar la influencia que tienen estos deportes, tanto sobre el progreso del estudiante en la escuela, como sobre su éxito en la vida ulterior. Los juegos que ocupan una parte tan grande de su tiempo, apartan su mente del estudio. No contribuyen a preparar a la Juventud para la obra práctica y seria de la vida. Su influencia no tiende hacia el refinamiento, la generosidad o la verdadera virilidad.
Algunas de las diversiones más populares, como el fútbol americano y el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Desarrollan las mismas características que desarrollaban los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio, el orgullo en la fuerza bruta, la temeraria indiferencia hacia la vida, están ejerciendo sobre los jóvenes un poder desmoralizador que espanta.
Otros juegos atléticos, aunque no son tan embrutecedores, son apenas menos objetables, a causa del exceso al cual 187 son llevados. Estimulan el amor al placer y a la excitación fomentando la antipatía hacia el trabajo útil, y una disposición a esquivar las responsabilidades y deberes prácticos. Tienden a destruir el gusto por las serias realidades de la vida y sus gozos tranquilos. Así se abre la puerta a la disipación y a la ilegalidad, con sus terribles resultados.
Partidas de placer
Las partidas de placer, tal como se llevan a cabo por lo general, son un obstáculo para el verdadero crecimiento, ya sea de la mente o del carácter. Las compañías frívolas, los hábitos extravagantes, el afán por los placeres y demasiado a menudo por la disipación, nacen como consecuencias y amoldan toda la vida para el mal. En vez de tales diversiones, los padres y maestros pueden hacer mucho para proveer diversiones sanas y vivificadoras.
En este asunto, lo mismo que en todo lo que concierne a nuestro bienestar, la Inspiración ha señalado el camino. En épocas primitivas, la vida del pueblo que estaba bajo la dirección de Dios era sencilla. Vivían en contacto con el corazón de la naturaleza. Los hijos compartían el trabajo de los padres y estudiaban las bellezas y los misterios del tesoro de la naturaleza. En la quietud del Campo y del bosque meditaban en las poderosas verdades transmitidas como legado sagrado de generación a generación. Esta educación producía hombres fuertes.
Ocupaciones al aire libre
En esta época, la vida ha llegado a ser artificial y los hombres han degenerado. Aunque no debemos volver enteramente a los sencillos hábitos de aquellos tiempos primitivos, pendemos aprender de ellos lecciones que harán de nuestros momentos de recreación lo que su nombre implica: momentos de verdadera edificación para el cuerpo, la mente y el alma. 188
Los alrededores del hogar y de la escuela tienen mucho que ver con la recreación. Deberían tenerse en cuenta estas cosas al escoger la casa para vivir o el lugar para establecer una escuela. Aquellos para quienes el bienestar físico y mental es de mayor importancia que el dinero y las exigencias o las costumbres de la sociedad, deberían buscar para sus hijos el beneficio de la enseñanza de la naturaleza y la recreación en el ambiente que ella ofrece. Será de la mayor ayuda para la obra educativa que cada escuela esté situada de modo que proporcione a los alumnos tierra para el cultivo y acceso a los campos y a los bosques.
En lo que a la recreación del alumno se refiere, se obtendrán los mejores resultados mediante la cooperación personal del maestro. El verdadero maestro puede impartir a sus alumnos pocos dones tan valiosos como el de su compañerismo. Puede decirse de los hombres y mujeres, y mucho más de los jóvenes y niños, que solamente los podemos comprender al ponernos en contacto con ellos por medio de la simpatía; y necesitamos comprenderlos para poder beneficiarlos más eficazmente. Para fortalecer el lazo de simpatía que une al maestro y al alumno, pocos medios hay tan valiosos como el del compañerismo agradable fuera del aula. En algunas escuelas el maestro está siempre con sus alumnos en las horas de recreo. Se une a ellos en sus ocupaciones, los acompaña en sus excursiones y parece identificarse con ellos. Convendría a nuestras escuelas que esta costumbre fuese más general. El sacrificio requerido del maestro sería grande pero cosecharía una rica recompensa.
Ninguna recreación que sea útil únicamente para ellos dará por resultado una bendición tan grande para los niños y jóvenes como aquella que los haga útiles para los demás. Los jóvenes, que por naturaleza son entusiastas e impresionables, responden rápidamente a la insinuación. Al hacer planes para el cultivo de las plantas, el maestro debería esforzarse por despertar interés en el embellecimiento 189 de la propiedad escolar y del aula. El beneficio será doble. Los alumnos no estarán dispuestos a echar a perder o desfigurar aquello que tratan de embellecer. Se estimularán el refinamiento del gusto, el amor al orden y el hábito de ser cuidadoso; y el espíritu de compañerismo y cooperación desarrollado será una bendición duradera para los alumnos.
Del mismo modo, al estimular a los alumnos a recordar a los que están privados de esos hermosos lugares y a compartir con ellos las bellezas de la naturaleza, se añade nuevo interés al trabajo en el jardín o a la excursión por el campo o el bosque.
El maestro atento hallará muchas oportunidades para inducir a sus alumnos a practicar actos de servicio. Los niñitos, especialmente, consideran al maestro con una confianza y un respeto casi ilimitados. Es difícil que deje de dar fruto cualquier cosa que sugiera modos de ayudar en el hogar, de ser fieles en los quehaceres diarios, de asistir a los enfermos o ayudar a los pobres. Y así se obtendrá nuevamente un doble beneficio. La sugerencia bondadosa se reflejará sobre su autor. La gratitud y la cooperación de parte de los padres aligerarán la carga del maestro, e iluminaran su camino.
Una salvaguardia contra el mal
La atención prestada a la recreación y a la cultura física interrumpirá sin duda a veces la rutina del trabajo escolar, pero la interrupción no será un verdadero obstáculo. Con el fortalecimiento de la mente y del cuerpo el cultivo de un espíritu abnegado, y la unión del alumno y el maestro por lazos de interés común y amistad, se recompensará cien veces el gasto de tiempo y esfuerzo. Se proveerá un uso correcto a la inquieta energía que con tanta frecuencia es una fuente de peligro para los jóvenes. Como salvaguardia contra el mal, el hecho de estar ocupada la mente con cosas buenas, es de mucho más valor que un sinnúmero de barreras, de reglamentos y disciplina. 190
La salud y la eficiencia *
A fin de proseguir esta grande y ardua labor es necesario que los ministros de Cristo gocen de buena salud. Para lograrlo deben ser regulares en sus hábitos y adoptar un sistema de vida saludable. Muchos se quejan continuamente y sufren de malestares diversos. Esto se debe casi siempre a que no trabajan sabiamente ni observan las leyes de la salud. A menudo pasan mucho tiempo en cuartos calientes y llenos de aire impuro. Allí se ponen a estudiar o a escribir hacen poco ejercicio físico y casi no varían sus actividades. Como consecuencia, la sangre pierde su vigor y las facultades de la mente se debilitan.
Todo el organismo necesita la influencia vigorizadora del ejercicio al aire libre. Unas cuantas horas de trabajo manual cada día, contribuirían a renovar las energías del cuerpo y a descansar la mente. De esta manera se promovería la salud general y se podría realizar una mayor cantidad de trabajo pastoral. La lectura y escritura incesante de muchos ministros los incapacita para el trabajo pastoral. Consumen en un estudio abstracto el tiempo valioso que debieran emplear ayudando a los necesitados en el momento propicio. . .
Nuestros ministros que han alcanzado la edad de cuarenta o cincuenta años no deben sentir que su trabajo es menos efectivo que antes. Los hombres de edad y experiencia son justamente los que deben llevar a cabo esfuerzos vigorosos y bien dirigidos. Se los necesita especialmente en este tiempo; las iglesias no pueden darse el lujo de perderlos. Estos obreros no deben hablar de debilidad física y mental, ni sentir que sus días de servicio se han terminado.
Muchos de ellos han sufrido por el exceso de trabajo mental sin el alivio del ejercicio físico. El resultado ha sido el deterioro de sus facultades y una tendencia a evitar la 191 responsabilidad. Lo que necesitan es más trabajo físico. Esto no ocurre únicamente a las personas que peinan canas, sino que obreros jóvenes también han caído en la misma condición y se han debilitado mentalmente. Tienen una lista de sermones preparados: pero más allá de éstos se sienten desorientados.
El pastor de antaño, que viajaba a caballo y gastaba mucho tiempo visitando su rebaño, disfrutaba de mejor salud, a pesar de sus privaciones, que nuestros ministros de la actualidad, quienes tratan de evitar el cansancio físico tanto como pueden y se confinan a sus libros.
Los ministros de edad y experiencia deben sentir que es su deber, como siervos de Dios, seguir adelante progresando cada día, mejorando en su trabajo y recogiendo constantemente material fresco para presentar ante el pueblo. Cada esfuerzo para exponer el Evangelio debe ser mejor que el anterior. Cada año deben desarrollar una piedad más profunda, un espíritu más amable, mayor espiritualidad, y un conocimiento más cabal de la verdad bíblica. Mientras más avanzan en edad y experiencia, más fácilmente debieran acercarse a los corazones de la gente, teniendo un conocimiento más cabal de ellos. 192
Períodos de relajamiento *
Se me mostró que los observadores del sábado, como pueblo trabajan muy duro sin permitirse cambios de actividad ni períodos de descanso. La recreación es necesaria para los que realizan trabajos físicos y es esencial para las personas cuyo trabajo es mayormente mental. No es esencial para nuestra salvación ni es para la honra de Dios, que se mantenga la mente trabajando sin descanso aunque sea en temas religiosos. Existen diversiones tales como el baile, los juegos de barajas, ajedrez, damas, etc., que no podemos aprobar porque el Cielo las condena. Estas diversiones abren las puertas al mal. No son beneficiosas sino que tienen una influencia estimulante y en algunas mentes fomentan una pasión que las lleva a las apuestas y la disipación. Todos estos juegos debieran ser condenados por los cristianos y debieran ser sustituidos por una recreación saludable.
Que varias familias que viven en una misma localidad se junten y dejen las ocupaciones que los han sobrecargado física y mentalmente y hagan una excursión al campo a la orilla del lago u otro lugar donde el escenario de la naturaleza es bello. Provéanse de alimentos sanos y sencillos de las mejores frutas y legumbres y extiendan sus manteles bajo la sombra de algún árbol o bajo el techo del cielo. El paseo, el ejercicio y el paisaje pronto despertarán el apetito y todos podrán disfrutar de una comida que los reyes envidiarían.
En tales ocasiones padres e hijos deben sentirse libres de preocupación y perplejidad. Los padres deben jugar como niños con sus hijos haciendo cuanto sea posible para que todo resulte placentero. Dedíquese el día entero a la recreación. El ejercicio al aire libre será beneficioso para la 193 salud de las personas que tienen trabajos sedentarios. Todos los que puedan, deben considerar que es su deber proseguir este curso de acción. No tienen nada que perder pero sí, mucho que ganar. Pueden regresar a sus ocupaciones con una vida renovada y nuevas energías para dedicarse a su trabajo con entusiasmo. Además, se sentirán mejor preparados para resistir la enfermedad.
La luz del sol en el hogar *
Si deseáis que vuestros hogares sean agradables y acogedores, iluminadlos con aire y sol. Quitad las pesadas cortinas, abrid las ventanas y las celosías, y disfrutad de la rica luz del sol, aun a costa del color de las alfombras. Los preciosos rayos del sol pueden descolorar vuestras alfombras, pero darán un color saludable a las mejillas de vuestros hijos. Si tenéis la presencia de Dios y poseéis corazones fervientes y amantes, un hogar humilde, iluminado por el aire y el sol y alegrado por una hospitalidad sin egoísmo, será para vuestra familia y para el cansado viajero, un cielo en la tierra. Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 467. 194
Entretenimientos prohibidos *
Los que se dedican al estudio intenso, deben disfrutar de momentos de relajamiento. La mente no debe estar constantemente restringida a razonamientos extenuantes, porque la delicada maquinaria mental se gasta. El cuerpo, lo mismo que la mente, se debe ejercitar. Pero hay que ser estrictamente temperantes en las diversiones, como en cualquier otro asunto. Y el carácter de estas diversiones se debe considerar juiciosamente. Cada joven debe preguntarse: ¿qué influencia tendrán estas diversiones en mi salud física, mental y moral? ¿se olvidará mi mente de Dios? ¿Se apartará de mí su gloria por causa de ellas?
El juego de barajas debe ser prohibido. Las compañías y tendencias de ese ambiente son peligrosas. El príncipe de las tinieblas preside en el cuarto de juego, y dondequiera que se juegue baraja. En estos lugares los ángeles malignos son los invitados especiales. No hay nada beneficioso para el alma o el cuerpo en estas diversiones. No hay nada que fortalezca el intelecto, nada que provea ideas de valor para el futuro. La conversación versa sobre temas triviales y degradantes. Se escuchan chistes bajos, actitudes frívolas y palabras viles que degradan y destruyen la verdadera dignidad del hombre. Estos juegos constituyen la actividad más insensata, inútil, peligrosa y sin provecho en que puedan involucrarse los jóvenes. Los que participan en el juego de barajas, se alteran emocionalmente y llegan a perder todo interés por alguna ocupación elevadora y beneficiosa. La experiencia en el manejo de las barajas conducirá pronto al deseo de usarlas para beneficio personal. Primero se apuesta una suma pequeña, luego una cantidad mayor, hasta que se adquiere el vicio que indefectiblemente conduce a la ruina. ¡Cuántos no fueron guiados por esta diversión 195 perniciosa a toda práctica pecaminosa, a pobreza, prisión, homicidio y aun al patíbulo! Sin embargo, muchos padres no ven la terrible ruina que se cierne sobre nuestros jóvenes.
El teatro se encuentra entre los lugares de placer más peligrosos. En vez de ser una escuela de moralidad y virtud, como frecuentemente se alardea, es una verdadera fuente de inmoralidad. Estas diversiones fortalecen los hábitos viciosos y las propensiones pecaminosas. Los cantos bajos, las actitudes, expresiones y gestos licenciosos, depravan la imaginación y rebajan la moral. Todo joven que asista a tales exhibiciones, corromperá sus principios. No existe en nuestra tierra influencia más poderosa para envenenar la imaginación, destruir las convicciones religiosas y el gusto por las diversiones tranquilas, que las representaciones teatrales. El amor por estas representaciones aumenta con la complacencia, así como el gusto por las bebidas fuertes se fortalece mientras más se toma. El único camino seguro es evitar el teatro, el circo y todo otro lugar de entretenimiento dudoso.
Hay formas de recreación altamente beneficiosas tanto para la mente como para el cuerpo. Una mente iluminada y analítica encontrará abundante manera de recrearse y entretenerse, en fuentes no sólo inocentes, sino también instructivas. La recreación al aire libre y la contemplación de las obras de Dios en la naturaleza, proporcionarán el beneficio más elevado. 196
El ejercicio como medida de restauración *
Es un gran error pensar que las personas que han abusado de sus facultades mentales y fuerzas físicas, o que han padecido algún quebrantamiento físico o nervioso, necesitan suspender sus actividades corporales con el fin de recuperar la salud. En casos aislados, puede ser necesario mantener reposo completo durante un tiempo definido; pero estos casos son raros. La mayor parte de las veces el cambio sería demasiado drástico para que reportara algún beneficio.
Los que sufren algún quebranto como resultado de un esfuerzo mental intenso necesitan reposar de su actividad intelectual agotadora. Sin embargo, hacerles creer que para ellos sería impropio o peligroso ejercer sus facultades mentales, los induciría a considerar su condición como peor de lo que realmente es. Se vuelven nerviosos y finalmente se transforman en una verdadera carga para ellos mismos así como para las personas que los cuidan. En ese estado de ánimo su recuperación se vuelve muy improbable.
A las personas que han abusado de sus fuerzas físicas no se les debe aconsejar que abandonen completamente el trabajo corporal. Muchas veces privarlos totalmente del ejercicio contribuiría a estorbar la recuperación de su salud. La voluntad funciona a la par con el trabajo de las manos; y cuando la fuerza de la voluntad se aletarga, la imaginación se vuelve anormal, de tal manera que al enfermo le resulta imposible resistir la enfermedad. La inactividad es la peor maldición que podría recaer sobre alguien que estuviera en una condición tal.
El mecanismo maravilloso y delicado de la naturaleza necesita ejercitarse constantemente si ha de cumplir los fines para los cuales ha sido diseñado. Siempre es peligroso el plan de no hacer nada. El ejercicio físico que se deriva del trabajo útil ejerce una influencia feliz sobre la mente, 197 fortalece los músculos, aviva la circulación y concede al inválido la satisfacción de saber cuánto puede aguantar, además de hacerle ver que no es una persona completamente inútil en este ocupado mundo. En cambio, si no se le permite hacerlo, volverá su atención sobre su persona y se mantendrá en constante peligro de exagerar sus dificultades. Si los inválidos se ocuparan de hacer ejercicio físico bien planeado, utilizando sus fuerzas sin abusar de ellas, descubrirían en él un medio efectivo para su recuperación.
El ejercicio de caminar
Las personas débiles e indolentes no deben acceder a su inclinación de mantenerse inactivas, privándose así del aire puro y la luz del sol; más bien necesitan hacer ejercicio al aire libre, caminando o cultivando el jardín. Si lo hacen se sentirán muy fatigados, pero no les hará daño... No es sabio abandonar el uso de ciertos músculos sólo porque se siente dolor al ejercitarlos. Frecuentemente el dolor es causado por el esfuerzo que la naturaleza realiza para dar vida y vigorizar esas partes que se han atrofiado parcialmente debido a la inactividad. El uso de estos músculos inactivos por largo tiempo producirá dolor, porque la naturaleza los está llamando de nuevo a la vida.
El ejercicio de caminar, siempre que se lo pueda hacer, es el mejor remedio para los cuerpos enfermos, porque mediante él se ejercitan todos los órganos del cuerpo. Todos los que pretenden curarse mediante ciertos movimientos, lograrán muchísimo más por el ejercicio muscular que mediante la práctica de dichos movimientos. En algunos casos, la falta de ejercicio debilita y contrae las entrañas y los músculos, y estos órganos debilitados por carencia de ejercicio se fortalecerán únicamente cuando se los ejercite. Ningún ejercicio puede reemplazar la acción de caminar. Al hacerlo se mejora grandemente la circulación de la sangre.­ Testimonies for the Church, tomo 3. pág. 78 (1871). 198
Los males de la inactividad
El ejercicio físico y el trabajo combinado ejercen una feliz influencia sobre la mente, fortalecen los músculos, mejoran la circulación y dan al enfermo la satisfacción de conocer su propia capacidad de soportar; en cambio, si se lo priva del ejercicio saludable y del trabajo físico, su atención se vuelve sobre sí mismo. Entonces corre constantemente el peligro de pensar que se encuentra en un estado peor de lo que realmente está, y de establecer dentro de él una imaginación enfermiza que le hará temer constantemente sobrecargar su capacidad de soportar. En términos generales, si le dedica a un trabajo bien dirigido, y si usa sus fuerzas sin abusar de ellas, encontrará que el ejercicio físico resultará un agente más poderoso y eficaz en su recuperación que aun el tratamiento hidroterápico que está recibiendo.
La inactividad de las facultades físicas y mentales, en lo que se refiere al trabajo útil, es lo que mantiene a muchos enfermos en una condición de debilidad que no consiguen superar. También le proporciona una gran oportunidad de explayarse en pensamientos impuros, complacencia que ha llevado a muchos a su condición actual de debilidad. Se les ha dicho que han gastado exceso de vitalidad en trabajo duro, cuando, en nueve casos de cada diez, el trabajo que realizaban era lo único que podía revitalizar sus vidas y era el medio de salvarlos de la ruina completa. Mientras tenían la mente ocupada en estas cosas, no podían disponer oportunidades adecuadas para contaminar sus cuerpos y completar la obra autodestructiva. Hacer que esas personas dejen de trabajar con el cerebro y los músculos es concederles una amplia oportunidad de ser llevadas cautivas por las tentaciones de Satanás.­ Testimonies for the Church, tomo 4, págs. 94-95. 199
Abramos las ventanas del alma
La carga del pecado, con su inquietud y sus deseos no satisfechos, se encuentra en el fundamento mismo de una gran parte de las enfermedades que sufre el pecador. Cristo es el poderoso Sanador del alma enferma por el pecado. Estas pobres personas afligidas necesitan obtener un conocimiento más claro de Aquel que es vida eterna si se lo conoce correctamente. Necesitan que se les enseñe con paciencia y bondad, y sin embargo con fervor, cómo abrir las ventanas del alma, y dejar que la luz del sol del amor de Dios penetre en ella para iluminar las oscuras cámaras de la mente. Las verdades espirituales más exaltadas pueden hacerse comprender por medio de las cosas de la naturaleza. Las avecillas que vuelan, como las florecillas del campo en su radiante hermosura, el grano en crecimiento, las fructíferas ramas de la vid, los árboles en flor, la gloriosa puesta de sol, las nubes carmesíes que anuncian un día hermoso, las estaciones que vienen y pasan, todo esto puede enseñarnos preciosas lecciones acerca de la fe. La imaginación tiene aquí un fructífero campo que explorar. La mente inteligente puede contemplar con la mayor satisfacción las lecciones de la verdad divina que el Redentor del mundo ha asociado con las cosas de la naturaleza.
Cristo reprochó definidamente a la gente de su tiempo porque no habían aprendido de la naturaleza las lecciones espirituales que debieran haber obtenido. Todas las cosas, animadas e inanimadas, expresan al ser humano el conocimiento de Dios. La misma mente divina que está trabajando con las cosas de la naturaleza, habla a las mentes y los corazones de los hombres y crea un anhelo inexpresable por algo que no tienen. Las cosas del mundo no pueden satisfacer sus anhelos.­ Testimonies for the Church, tomo 4, págs. 579-580. 200
(E. WHITE.)

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