16/4/11

"Casamientos de viudos"


Perspectivas de un matrimonio de edad avanzada
En relación con su primera carta, que me llegó con la penúltima correspondencia recibida, quisiera decirle que no tengo luz particular acerca del asunto que Ud. me consulta, y no podría ofrecerle información alguna sobre los puntos de su interés. Le aconsejo que consulte con Wesley Hare y su esposa, ya que ellos conocen a la persona que Ud. tiene en mente, y podrían ser los consejeros apropiados.
Entiendo que, tal como lo manifiesta en su carta, Ud. se siente muy solo en su vejez. Si hay una persona a quien Ud. pueda amar y que le retribuya amor, no veo objeción alguna. Pero, como no conozco a la dama a quien tiene en mente, no podría hablarle como lo haría alguien que los conociera a ambos.
Una cosa es cierta: Ud. sabe que Aquel a quien ha servido por tantos años podrá ser su Consejero más seguro. Confíe, pues, en Aquel que nunca ha cometido error alguno. El tiempo es corto, tanto para Ud. como para mí, y debemos estar preparados para la futura vida inmortal. Cristo dice: "No se turbe vuestro corazón; en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomará a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis" (Juan 14: 1-3).
Debemos alegrarnos con esta promesa, y preocuparnos tan poco como sea posible.
Los últimos años: tiempo de descanso
La invitación para ancianos y jóvenes es ésta: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 28-30). Agradezca al Señor con el corazón, el alma y la voz, porque hay un puerto para descansar, para un dulce reposo. Es su privilegio, tanto como el mío, aceptar la invitación y reposar. Lo que queremos ahora es que lo que nos queda de vida esté tan libre de perplejidades y cuidados, que podamos hallar descanso en la vida de Cristo. "Mi yugo -dice él- es fácil y ligera mi carga".
El Señor no chasqueará a ninguno que deposite su confianza en él. El será, para nosotros, el primero, el último y el mejor en todo; una ayuda siempre presente en cualquier tiempo de necesidad. En estos últimos días de servicio seremos... sostenidos, guiados y protegidos por el poder de Cristo. Quiera el Señor bendecirlo y fortalecerle, para que sus últimos días sean los mejores de su vida; fragantes con la influencia suavizante de su amor. Hermano mío, que el Señor lo bendiga, lo guarde y le proporcione reposo en su amor; éste es mi más ferviente anhelo para Ud.- Carta 70, 1898.
Nuevo matrimonio de S. N. Haskell
Recibimos la carta del hermano Haskell * el sábado por la noche. Nos alegró saber, por Uds. mismos, que habían unido sus intereses mediante el matrimonio. Que el Señor bendiga esta unión con el fin de que puedan ser una fortaleza y un apoyo uno para el otro en todo tiempo. Que la paz de Dios repose sobre Uds., es mi sincero deseo y mi ferviente oración. "Id, y puestos en pie... anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida" (Hech. 5: 20).
Me alegro, hermano Haskell, porque Ud. tiene ahora una ayuda [Sra. Haskell]. Eso es lo que desde hace tiempo quería para Ud. La obra en la cual estamos ocupados nos ha hecho uno en Jesucristo para difundir el conocimiento del Señor. Es privilegio de Uds. disfrutar de dicha en la nueva relación mutua, al administrar el evangelio a los que están en tinieblas y en el error. Podemos simpatizar con la gran obra que amamos, y a la vez unimos a ella, tal es el gran objetivo que está siempre delante de nosotros, o sea el engrandecimiento del reino de Cristo y la celebración de su gloria. En todo lo que se relacione con este objetivo, estamos unidos en lazos de compañerismo cristiano, mancomunados con las inteligencias celestiales. . .
De acuerdo con la luz que he recibido, estoy plenamente poseída de la convicción de que, por medio de la unión de Uds., como instrumentos santificados, la luz se reflejará para la salvación de muchas almas que están ahora en las tinieblas y el error. Yo sé que no han vivido para Uds. mismos, sino para Aquel a quien aman y a quien sirven y adoran.- Carta 74a, 1897.
Consejo dado a J. N. Andrews
Le aconsejé que se casara antes que volviera últimamente a Europa, por las siguientes razones: En primer lugar, porque Ud. necesitaba de una esposa que lo cuidara, y porque no debería haber llevado su familia a Europa sin una buena compañera, que pudiera ser una madre para sus hijos, para que éstos no llevaran, en todo, la estampa de su mente y fueran modelados de acuerdo con sus ideas. Su mente no está totalmente equilibrada. Necesita introducir otro elemento en su labor, que Ud. no posee, y que no considera esencial...
Sus ideas respecto a que tiene que continuar su viudez han sido erróneas. Pero acerca de este asunto no diré nada más. La influencia de una mujer noble, cristiana y capaz, podría servirle para contrarrestar algunas tendencias de su mente. Su capacidad de concentración, la luz intensa bajo la cual Ud. ve todo lo que tenga carácter religioso, lo ha conducido a la depresión, y le ha impuesto una carga de ansiedad que lo ha debilitado física y mentalmente. Si Ud. se hubiera unido con alguien que poseyera sentimientos opuestos, que tuviera la habilidad de desviar sus pensamientos de los asuntos sombríos, que no perdiera su individualidad, que supiera mantener su identidad y fuera capaz de ejercer una influencia modeladora sobre su mente, habría podido contar con fortaleza física y la capacidad para resistir la enfermedad.- Carta 9, 1883.
Ud. recordará que le escribí desde Texas aconsejándole que consiguiera esposa antes de retomar a Europa. ¿Imagina Ud. que le hubiera dado tal consejo si no hubiera sido iluminada sobre el asunto? Ud. puede estar seguro de que no le hubiera dado tal consejo si no hubiera tenido buenas razones. Me fue mostrado que Ud. sigue su propio juicio y sus propias ideas con mucha tenacidad. Si estuviera más dispuesto a ser aconsejado por las personas en las cuales confía, y dependiera menos de sus sentimientos e impresiones, los resultados finales para Ud. y para la causa de Dios habrían sido mucho mejores.
Me fue mostrado que Ud. cometió un error al embarcarse para Europa sin una compañera. Si antes de partir hubiera conseguido una buena mujer, que fuera una madre para sus hijos, Ud. habría obrado inteligentemente y su utilidad habría sido diez veces mejor de lo que ha sido. Carta 1, 1883.
La interferencia de un hijo.*
Le ruego que no reproche a su padre. No debería experimentar los sentimientos que tiene, porque su padre no ha hecho nada que Dios condene. No ha deshonrado a sus hijos. Está siguiendo el camino del Señor. El Señor está abriendo la senda delante de él para que haga una gran obra en favor de su pueblo. Cristo es su Salvador y, contemplándolo, será transformado a su imagen.
Su padre ha sido un esposo bondadoso y tierno. Por muchos años sirvió fielmente a quien siempre amó. La muerte lo separó de quien tanto tiempo estuvo bajo su custodia. Luego, su hermana también fue llevada, y así su hogar fue deshecho. ¿Es, acaso, raro que bajo tales circunstancias, y luego de la muerte de su mamá, él se sintiera ligado a la mujer para quien había sido instrumento de conversión a la verdad? Ella no es joven sino tiene edad suficiente para ayudarlo en su obra. ¿Será que la edad de su padre tiene que ser una barrera para su felicidad. . .?
Creo que, si su padre se hubiera casado con aquella mujer, el Señor los hubiera bendecido grandemente a ambos. Pero, al considerar la manera como el asunto ha sido tratado, no creo que pueda ir adelante. Quienes han desaprobado esta unión deberían recordar que un día tendrán que hacer frente a los resultados de sus acciones. No obstante, creo que debo dejar el asunto con los que han tenido algo que decir al respecto.- Carta 117, 1902.
Cuando hay mucha diferencia de edad
Otra causa de la deficiencia de la generación actual en lo que concierne a la fortaleza física y al poder moral, la constituyen los casamientos entre hombres y mujeres cuyas edades varían ampliamente. Es frecuente que hombres viejos elijan a mujeres jóvenes para casarse. Con esto, a menudo, la vida del esposo se prolonga, en tanto que la mujer ha tenido que sentir la falta de esa vitalidad que ha impartido a su esposo anciano. Ninguna mujer ha tenido el deber de sacrificar la vida y la salud aunque amara a un hombre mucho mayor que ella, y estuviera dispuesta a realizar tal sacrificio. Debería haber controlado sus afectos. Habría tenido que tomar en cuenta consideraciones más elevadas que sus intereses personales.
Habría tenido que pensar en cuál sería la condición de los hijos que nacerían de tal unión. Es aún peor que los jóvenes se casen con mujeres considerablemente mayores que ellos. Los hijos de tales uniones, cuando las edades difieren ampliamente, con frecuencia han tenido mentes desequilibradas. También su fuerza física ha sido deficiente. En tales familias se han manifestado rasgos de carácter alterados, peculiares y hasta penosos. [Los hijos] suelen morir prematuramente, y los que llegan a la madurez, en muchos casos son deficientes en su fuerza física, en su poder mental y en su dignidad moral.
En esos casos, el padre pocas veces está preparado, a causa de sus facultades menguantes, para educar a su familia en forma adecuada. 2 MS 487, 488.
La necesidad de un sano juicio
Querida hermana: acabo de recibir una carta de Carlos B, un estudiante de Lodi, California, pidiéndome que inquiera ante el Señor por su madre, de quien dice que piensa casarse con un hombre mucho menor que ella.
Me sorprende saber que una madre de 46 años ponga así en peligro su felicidad, su bienestar y su influencia al casarse con un joven de 20. Esto es extraño, y revela carencia de sano juicio. El Señor tendría que ayudar a esta hermana a considerar cuidadosamente los seguros resultados de tal curso de acción.
Nuestra hermana debe estar bajo una extraña influencia que es contraria a la dirección del Espíritu Santo. Como madre de tres niños, debería considerar su responsabilidad ante Dios y avanzar con discreción en todos los aspectos, para mantener su influencia sobre sus hijos y no tomar una decisión que pueda ser considerada tan cuestionable por ellos y por otros. Debería darse cuenta de que sus responsabilidades para con Dios y sus hijos demandan la más seria consideración.
Hermana, el Señor no está involucrado en este asunto. Un matrimonio tal producirá extraños resultados, que terminarán destruyendo la influencia que una madre debe seriamente tratar de mantener sobre sus hijos, Le suplico que mantenga en forma sagrada esta influencia. Dios le ha encargado solemnemente a Ud., como madre, criarlos y nutrirlos en la amonestación del Señor. Será extrañamente inconsistente para Ud., ante sus responsabilidades para con sus hijos que van hacia la virilidad, tomar por esposo a un joven de 20 años, justamente ahora.
Anoche sentí como que hablaba con Ud. sobre el asunto, y trataba de demostrarle la inconsistencia del proceder que está bajo consideración. Le aconsejo que haga uso de todo el ingenio mental posible con el fin de ayudar a sus hijos para que comprendan las ventajas de la amorosa Palabra de Dios. Demuéstrele a sus hijos que Ud. está cooperando con el Señor en un esfuerzo por salvar sus almas.
En horas de la noche me fue mostrado que si Ud. da ese extraño paso, el enemigo de toda justicia la utilizará como arma para arruinar el respeto que sus hijos deberían manifestarle, y surgirá en sus corazones un sentimiento de desprecio hacia Ud. por su falta de buen juicio. Satanás está tratando de destruir su influencia en el hogar y la iglesia, tanto como entre los incrédulos.
En lo pasado, he tenido la oportunidad de observar varios de estos tipos de casamientos, y los resultados fueron de tal índole que sólo crearon miseria en toda la vida familiar.
Ahora, mi hermana, le suplico que actúe como una mujer juiciosa. Le ruego que preserve todos los detalles de su influencia para que pueda utilizarla para la gloria de Dios dando sabios consejos a sus hijos. Ud. es responsable ante Dios por la buena influencia que ahora está en su facultad ejercer. Por su propio bien y el de sus hijos, corte con este asunto de una vez.
En mis pensamientos nocturnos es como si le dijera: "Como una auténtica madre, dé a sus hijos un ejemplo una fe viva en Dios y retenga, así, la confianza que, de otra manera perderá para siempre. - Carta 26, 1910.

(Testimonios Acerca de la Conducta Sexual 36-45 EGW).

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