
En Nuestro trato con la
sociedad, en la familia, o en cualesquiera relaciones que trabemos en la vida,
sean ellas limitadas o extensas, hay muchas maneras por las cuales podemos
reconocer a nuestro Señor, y muchas maneras por las cuales le podemos negar.
Podemos negarle en nuestras palabras, por hablar mal de otros, por
conversaciones insensatas, bromas y burlas, por palabras ociosas o desprovistas
de bondad, o prevaricando al hablar contrariamente a la verdad. Con Nuestras
Palabras podemos confesar que Cristo no está en nosotros.
Con Nuestro Carácter
podemos negarle, amando nuestra comodidad, rehuyendo los deberes y las cargas
de la vida que alguien debe llevar si nosotros no lo hacemos, y amando los
placeres pecaminosos. También podemos negar a Cristo por el orgullo de los
vestidos y la conformidad al mundo, o por una conducta descortés.
Podemos
negarle Amando Nuestras Propias Opiniones, y tratando de ensalzar y justificar
el yo. Podemos también negarle Permitiendo que la mente se espacie en un
sentimiento de amor enfermizo y meditando en nuestra supuesta mala suerte y
pruebas.
Nadie puede confesar
verdaderamente a Cristo delante del mundo, a menos que
viva en él la mente y el
espíritu de Cristo. Es imposible comunicar lo que no poseemos.
La conversación
y la conducta deben ser una expresión verdadera y visible de la gracia y verdad
interiores. Si el corazón está santificado, será sumiso y humilde, los frutos
se verán exteriormente, y ello será una muy eficaz confesión de Cristo. Las
palabras y la profesión de fe no bastan.
Ud., hermana mía, 340 debe
tener algo más que esto. Está engañándose a sí misma.
Su espíritu, su carácter
y sus acciones no manifiestan un espíritu de mansedumbre,
abnegación y caridad.
Las palabras y la profesión de fe pueden expresar mucha humildad y amor, pero
si la conducta no está regida por la gracia de Dios, no se participa del don
celestial, no se ha abandonado todo para Cristo, la voluntad no se ha rendido
para seguirle a él.
Ud. peca y niega a su
Salvador al espaciarse en pensamientos lúgubres, al acumular pesares y tomar
prestadas aflicciones. Introduce en el día de hoy las aflicciones de mañana,
amarga su corazón, impone cargas y nubes a los que la rodean y se fabrica pruebas.
El precioso tiempo de gracia que Dios le ha dado para que haga bien y se
enriquezca con buenas obras, Ud. lo emplea imprudentemente en pensamientos de
pesar y en edificar castillos en el aire. Deja que su imaginación se espacie en
temas que no le traerán alivio ni felicidad. Sus sueños se oponen directamente
a que obtenga una experiencia sana e inteligente en las cosas de Dios y una
idoneidad moral para una vida mejor.
Recibida en el corazón, la
verdad de Dios puede hacernos sabios para salvación. Al creerla y obedecerla,
recibiremos gracia suficiente para los deberes y las pruebas de hoy. No
necesitamos la gracia para mañana. Debemos comprender que hemos de tratar tan sólo
con el día de hoy.
Venzamos hoy; neguémonos a nosotros mismos; velemos y oremos
ahora. Obtengamos victorias en Dios hoy. Las circunstancias y el ambiente que
nos rodean, los cambios que se realizan diariamente alrededor nuestro y la
Palabra escrita de Dios que discierne y prueba todas las cosas bastan para
enseñarnos nuestro deber y lo que debemos hacer día tras día.
En vez de
permitir que nuestra mente se espacie en pensamientos de los cuales no
obtenemos beneficio alguno, debemos Escudriñar las Escrituras diariamente y
cumplir en la vida cotidiana, los deberes que tal vez ahora nos resulten
penosos, pero que alguien debe cumplir. 341
Las bellezas de la
naturaleza tienen una lengua que habla incesantemente a nuestros sentidos. El
corazón abierto puede ser impresionado por el amor y la gloria de Dios, que se
notan en las obras de sus manos. El oído atento puede oír y comprender las comunicaciones
de Dios mediante las obras de la naturaleza.
Hay una lección en el rayo
de sol, y en los diversos objetos de la naturaleza que Dios presenta a nuestra
vista. Los campos verdes, los altos árboles, los pimpollos y las flores, la
nube pasajera, la lluvia que cae, el arroyo que murmura, el sol, la luna y las
estrellas del firmamento, todas estas cosas atraen nuestra atención y
meditación y nos invitan a conocer al Dios que lo hizo todo.
Las lecciones que
se pueden aprender de los diversos objetos del mundo natural son las
siguientes: Ellos son obedientes a la voluntad de su Creador, nunca niegan a
Dios ni rehúsan obedecer cualquier indicación de su voluntad.
Los seres caídos
son los únicos que se niegan a rendir plena obediencia a su Hacedor. Sus
palabras y obras están en discrepancia con Dios y se oponen a los principios de
su gobierno....
LECCIONES DE LA NATURALEZA. Los profesos cristianos que constantemente están
quejándose y lamentándose, y que parecen creer que la felicidad y un rostro
alegre son un pecado, no profesan la verdadera religión. Los que consideran el
escenario hermoso de la naturaleza como si fuese un cuadro
muerto, que
prefieren contemplar las hojas muertas más bien que recoger las hermosas flores
frescas, que se deleitan con morbidez en el lado melancólico del lenguaje que
les habla el mundo natural, que no aprecian la belleza de los valles vestidos de
verde y de las altas cimas de las
montañas, que cierran sus oídos a la voz
gozosa de la naturaleza, que es dulce música para el oído que la escucha, los
tales no están en Cristo. No andan en la luz, sino que juntan para sí tinieblas
y lobreguez, cuando podrían tener alegría y ver nacer en su corazón la
bendición del Sol de Justicia con sanidad en sus rayos. 342 1JT/EGW/MHP