domingo, noviembre 01, 2009

18. "Una Generosa Invitación" Parabola De La Gran Cena (PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO) EGW


CAPITULO 18. UNA GENEROSA INVITACION (173-189)
Este Capítulo esta Basado en San Lucas 14:1,12-24 

"La Parábola De La Gran Cena"
El Salvador era huésped en la fiesta de un fariseo. El aceptaba las invitaciones tanto de los ricos como de los pobres, y, según su costumbre, vinculaba la escena que tenía delante con lecciones de verdad. 

 Entre los judíos las fiestas sagradas se relacionaban con todas sus épocas de regocijo nacional y religioso. Eran para ellos un tipo de las bendiciones de la vida eterna. La gran fiesta en la cual habían de sentarse junto con Abrahán, Isaac y Jacob, mientras los gentiles estuviesen fuera mirando con ojos anhelantes, era un tema en el cual les gustaba espaciarse.
 
LA LECCION de Amonestación e Instrucción que Cristo quería dar, la ilustró en esta ocasión mediante la parábola de la gran cena. Los judíos pensaban reservarse exclusivamente para sí las bendiciones de Dios, tanto las que se referían a la vida presente como las que se relacionaban con la futura. 

 Negaban la misericordia de Dios a los gentiles. Por la parábola, Cristo les demostró que ellos estaban al mismo tiempo rechazando la invitación misericordiosa, el llamamiento al reino de Dios. Les mostró que la invitación que habían desatendido debía ser enviada a aquellos a quienes habían despreciado, aquellos de los cuales habían apartado sus vestiduras, como si se tratara de leprosos que debían ser rehuidos. 


 Al Escoger los huéspedes para su fiesta, el fariseo había consultado sus propios intereses egoístas. Cristo le dijo: "Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; 174 por que también ellos no te vuelvan a convidar, y te sea hecha compensación. Mas cuando haces banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos". 

Cristo estaba aquí repitiendo la instrucción que había dado a Israel por medio de Moisés. Dios los había instruido con respecto a sus fiestas sagradas: "El extranjero, y el huérfano, y la viuda, que hubiera en tus poblaciones... comerán y serán saciados"(Deut. 14:29).* 


Estas reuniones habían de ser como lecciones objetivas para Israel. Después de habérseles enseñado en esta forma el gozo de la hospitalidad verdadera, durante el año habían de cuidar de los necesitados y los pobres. Y estas fiestas tenían una lección más amplia. Las bendiciones espirituales dadas a Israel no eran solamente para los israelitas. 

 Dios les había concedido el pan de vida para que lo repartieran al mundo. Ellos no habían 
cumplido esa obra. Las palabras de Cristo eran un reproche para su egoísmo. 

 Estas palabras eran desagradables para los fariseos. Esperando encauzar la conversación por otro curso, uno de ellos, con aire de santurrón, exclamó: "Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos". Este hombre hablaba con gran seguridad, como si él mismo tuviera la certeza de poseer un lugar en el reino.
 
Su actitud era similar a la de aquellos que se regocijan porque son salvos por Cristo, 
cuando no cumplen con las condiciones en virtud de las cuales se promete la salvación. 

 El espíritu que lo animaba se asemejaba al de Balaam cuando oró: 
"Muera mi persona de la muerte de los rectos, y mi postrimería 
sea como la suya"(Núm.23:10).* 

 El Fariseo no estaba pensando en su propia preparación para el cielo: tan sólo en lo que esperaba gozar allí. Su observación tenía por propósito desviar la mente de los huéspedes del tema de su deber práctico. Pensó hacerlos pasar de la vida actual al tiempo remoto de la resurrección de los justos. 175


 CRISTO leyó el corazón del hipócrita y, manteniendo sobre él sus ojos, descubrió ante el grupo el carácter y el valor de sus privilegios actuales. Les mostró que tenían una parte que hacer en ese mismo tiempo para poder participar de la bienaventuranza futura. 

"Un Hombre -Dijo- Hizo Una Grande Cena, y Convidó a Muchos". Cuando llegó el tiempo de la fiesta, el amo envió a sus siervos a casa de los huéspedes a quienes esperaba, con un segundo mensaje: "Venid, que ya está todo aparejado". Pero mostraron una extraña indiferencia. 


"Y comenzaron todos a una a excusarse. 
 El primero le dijo: He comprado una hacienda, 
y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado. 

Y el otro le dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, 
y voy a probarlos, ruégote que me des por excusado. 

Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir".
 
Ninguna de las excusas se fundaba en una necesidad real. 

El Hombre que necesitaba salir y ver la hacienda, ya la había comprado. Su prisa por ir a verla se debía a que su interés estaba concentrado en la compra efectuada. Los bueyes también habían sido comprados. Y probarlos tenía por fin sólo satisfacer el interés del comprador. La tercera excusa no tenía más semejanza de razón.

 El hecho de que el huésped se hubiera casado no necesitaba impedir su presencia en la fiesta. Su esposa también habría sido bienvenida. Pero tenía sus propios proyectos de placer, y éstos le parecían más deseables que la fiesta a la cual había prometido asistir. 

 Había aprendido a hallar placer en la compañía de otras personas fuera del anfitrión. No pidió 
que se le diera por excusado, y ni siquiera hizo una tentativa de ser cortés en su rechazamiento. 

 El "No puedo ir" era solamente un velo que cubría el "No quiero ir". Todas las excusas revelaban una mente preocupada. Estos huéspedes en perspectiva habían llegado a estar completamente absortos en otros intereses. 176 

La Invitación que se habían comprometido a aceptar fue puesta a un lado, 
y el amigo generoso quedó insultado por la indiferencia de ellos. 


Por Medio de la gran cena, Cristo presenta los privilegios ofrecidos mediante el Evangelio. La provisión consiste nada menos que en Cristo mismo. El es el pan que desciende del cielo; y de él surgen raudales de salvación. 

Los Mensajeros del Señor habían proclamado a los judíos el advenimiento del Salvador. Habían señalado a Cristo como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"(Juan 1:29).* 

 En la fiesta que había aparejado, Dios les ofreció el mayor don que los cielos podían conceder, un don que sobrepujaba todo cómputo. El amor de Dios había provisto el costoso banquete, y había ofrecido recursos inagotables. "Si alguno comiere de este pan -dijo Cristo-, vivirá para siempre" (Juan 6:51).* 

 PERO para aceptar la invitación a la fiesta del Evangelio, debían subordinar sus intereses mundanos al único propósito de recibir a Cristo y su justicia. Dios lo dio todo por el hombre, y le pide que coloque el servicio del Señor por encima de toda consideración terrenal y egoísta. No puede aceptar un corazón dividido. El corazón que se halla absorto en los afectos terrenales no puede rendirse a Dios. 

La lección es para todos los tiempos. Hemos de seguir al Cordero de Dios dondequiera que vaya. Ha de escogerse su dirección y avaluarse su compañía por sobre toda compañía de amigos mundanos. 

 Cristo dice: "El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; 
y el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí"(Mateo 10:37).* 

 Alrededor de la mesa familiar, mientras partían el pan de todos los días, muchos repetían en los días de Cristo: "Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos". 


 Pero Cristo mostró cuán difícil es encontrar huéspedes para la mesa preparada a un costo infinito. Aquellos que lo escuchaban sabían que habían despreciado la invitación de la misericordia. 177

Para ellos las posesiones mundanas, las riquezas, los placeres, eran cosas que absorbían todo su interés. A una se habían excusado todos.


 Tal ocurre en nuestros días. Las excusas presentadas para rechazar la invitación a la fiesta abarcan todas las que hoy se dan para rechazar la invitación del Evangelio. 

Los hombres declaran que no pueden poner en peligro sus perspectivas mundanas atendiendo las exigencias del Evangelio. Consideran sus intereses temporales de más valor que las cosas de la eternidad. 

Las mismas bendiciones que han recibido de Dios llegan a ser una barrera que separa sus almas de su Creador y Redentor. 

No quieren ser interrumpidos en sus afanes mundanos, y dicen al mensajero de misericordia: "Ahora vete; mas en teniendo oportunidad te llamaré"(Hechos 24:25).* 

 OTROS presentan las dificultades que podrían levantarse en sus relaciones sociales si obedecieran el llamamiento de Dios. Dicen que no pueden estar en desacuerdo con sus parientes y conocidos. De esta forma llegan a ser los mismos actores descritos en la parábola. 

El Señor de la fiesta considera que sus débiles excusas demuestran desprecio por su invitación. El hombre que dijo: "Acabo de casarme, y por lo tanto no puedo ir", representa una clase numerosa de personas. Hay Muchos que permiten que sus esposas o esposos les impidan escuchar el llamamiento de Dios. 

El esposo dice: "No puedo obedecer mis convicciones en cuanto a mi deber mientras mi esposa se oponga a ello. Su influencia haría excesivamente difícil para mí la obediencia". 

 La esposa escucha el llamamiento de gracia: "Venid, que ya está todo aparejado", y dice: " 'Te ruego que me des por excusado'. Mi esposo rechaza la invitación misericordiosa. El dice que sus negocios le impiden aceptarla. Debo acompañar a mi esposo, y por lo tanto no puedo asistir". 

El corazón de los hijos queda impresionado. Desean ir a la fiesta. Pero aman a su padre y a su madre, y porque éstos no escuchan 178 el llamamiento evangélico, los hijos piensan que no puede esperarse que ellos vayan. 

Ellos también dicen: "Ruégote que me des por excusado". Todos éstos rechazan el llamado del Salvador porque temen la división en el círculo de la familia. 

 Suponen que al rehusar obedecer a Dios aseguran la paz y la prosperidad del hogar; pero esto es un engaño. Aquellos que siembran egoísmo segarán egoísmo.

Al rechazar el amor de Cristo rechazan lo único que puede impartir pureza y firmeza al amor humano. No solamente perderán el cielo, sino que dejarán de disfrutar verdaderamente de aquello por lo cual sacrificaron el cielo. 


En la parábola, el que daba la fiesta notó cómo había sido tratada su invitación, y "enojado... dijo a su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos". 

El hospedero se apartó de aquellos que habían despreciado su generosidad, e invitó a una clase que no era perfecta, que no poseía casas o terrenos. Invitó a los que eran pobres y hambrientos, y que apreciarían las bondades provistas. "Los publicanos y las rameras -dijo Cristo- os van delante al reino de Dios"(Mateo 21:31).* 

 Por viles que sean los especímenes humanos que los hombres desprecian y apartan de sí, no son demasiado degradados, demasiado miserables para ser objeto de la atención y el amor de Dios. 

Cristo anhela que los seres humanos trabajados, cansados y oprimidos vengan a él. Ansía darles la luz, el gozo y la paz que no pueden encontrarse en ninguna otra parte. 

Los mayores pecadores son el objeto de su amor y piedad profundos y fervorosos. 
El envía su Espíritu Santo para obrar en ellos instándoles con ternura y tratando de guiarlos al Salvador. 


El siervo que hizo entrar a los pobres y los ciegos informó a su señor: "Hecho es como mandaste, y aun hay lugar. Y dijo el Señor al siervo: Ve por los caminos y por 179 los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa".

Aquí Cristo señala la obra del Evangelio fuera del círculo del judaísmo, en los caminos y vallados del mundo. 


 En obediencia a este mandamiento, Pablo y Bernabé declararon a los judíos: "A vosotros a la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 

Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra. Y los gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor: y creyeron todos los que estaban ordenados para la vida eterna"(Hechos 13:46-48).* 


 El mensaje evangélico proclamado por los discípulos de Cristo fue el anuncio de su primer advenimiento al mundo. Llevó a los hombres las buenas nuevas de la salvación por medio de la fe en él. 

Señalaba hacia su segundo advenimiento en gloria para redimir a su pueblo, y colocaba ante los hombres la esperanza, por medio de la fe y la obediencia, de compartir la herencia de los santos en luz.
 

 Este Mensaje se da a los hombres hoy en día, y en esta época va unido con el anuncio de que la segunda venida de Cristo es inminente. Las señales que él mismo dio de su aparición se han cumplido, y por la enseñanza de la Palabra de Dios, podemos saber que el Señor está a las puertas. 


 Juan en el Apocalipsis predice la proclamación del mensaje evangélico precisamente antes de la segunda venida de Cristo. El contempla a un "ángel volar por en medio del cielo, que tenía el Evangelio eterno para predicarlo a todos los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo, diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida"(Apoc. 14:6,7).* 

En la profecía, esta amonestación referente al juicio, con los mensajes que con ella se relacionan, es seguida por la venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos. 180 

La proclamación del juicio es el anuncio de que la segunda aparición del Salvador está por acaecer. Y a esta proclamación se denomina el Evangelio eterno. 

 Así se ve que la predicación de la segunda venida de Cristo, el anuncio de su cercanía, es una parte esencial del mensaje evangélico. 


 La Biblia declara que en los últimos días los hombres se hallarían absortos en las ocupaciones mundanas, en los placeres y en la adquisición de dinero. Serían ciegos a las realidades eternas.

 Cristo Dice: "Como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre"(Mateo 24:37-39).* 

 Tal ocurre en nuestros días. Los hombres se afanan en obtener ganancias y en la complacencia egoísta, como si no hubiera Dios, ni cielo, ni más allá. 


En los días de Noé la amonestación referente al diluvio fue enviada para despertar a los hombres en medio de su impiedad y llamarlos al arrepentimiento. 

Así el mensaje de la segunda venida de Cristo tiene por objeto arrancar a los hombres de su interés absorbente en las cosas mundanas. Está destinado a despertarlos al sentido de las realidades eternas, a fin de que den oídos a la invitación que se les hace para ir a la mesa del Señor. 


La invitación del Evangelio ha de ser dada a todo el mundo, "a toda nación y tribu y lengua y pueblo"(Apoc. 14:6).* 

El Ultimo Mensaje de amonestación y misericordia ha de iluminar el mundo entero con su gloria. Ha de llegar a toda clase de personas, ricas y pobres, encumbradas y humildes. "Ve por los caminos y por los vallados -dice Cristo-, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa". 

El mundo está pereciendo por falta del Evangelio. Hay hambre de la Palabra de Dios. 181 Hay pocos que predican esa Palabra sin mezclarla con la tradición humana.


Aunque los hombres tienen la Biblia en sus manos, no reciben las bendiciones que Dios ha colocado en ella para los que la estudian. El Señor invita a sus siervos a llevar su mensaje a la gente. 

La Palabra de vida eterna debe ser dada a aquellos que están pereciendo en sus pecados. 


En el mandato de ir por los caminos y por los vallados, Cristo especifica la obra de todos aquellos a quienes él llama para que ministren en su nombre. 

El mundo entero constituye el campo de los ministros de Cristo. Su congregación comprende toda la familia humana. El Señor desea que su palabra de gracia penetre en toda alma. 

En gran medida esto debe realizarse mediante un trabajo personal. Este fue el método de Cristo. Su obra se realizaba mayormente por medio de entrevistas personales. 

Dispensaba una fiel consideración al auditorio de una sola alma. Por medio de esa sola alma a menudo el mensaje se extendía a millares. No hemos de esperar que las almas vengan a nosotros; debemos buscarlas donde estén.

 Cuando la palabra ha sido predicada en el púlpito, la obra sólo ha comenzado. 
 Hay multitudes que nunca recibirán el Evangelio a menos que éste les sea llevado. 


La invitación a la fiesta fue primeramente dada a la nación judía, el pueblo que había sido llamado para que sus miembros actuaran como maestros y directores entre los hombres, el pueblo en cuyas manos se hallaban los rollos proféticos que anunciaban el advenimiento de Cristo, y al cual había sido encomendado el servicio simbólico que representaba su misión. 

 Si los sacerdotes y el pueblo hubieran escuchado el llamamiento, se habrían unido con los mensajeros de Cristo para dar la invitación evangélica al mundo. Se les envió la verdad a fin de que la impartieran. 

Cuando rechazaron el llamamiento, éste fue enviado a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Los publicanos y los pecadores 182 recibieron la invitación. En la proclamación del Evangelio a los gentiles, existe el mismo plan de trabajo. El mensaje se da primero en "los caminos" [caminos reales], a los hombres que tienen una parte activa en la obra del mundo, a los maestros y dirigentes del pueblo. Recuerden esto los mensajeros del Señor. Los pastores del rebaño, los maestros colocados por Dios, deben tener muy en cuenta esta amonestación.


 Aquellos que pertenecen a las altas esferas de la sociedad han de ser buscados con tierno afecto y consideración fraternal. Los hombres de negocios, los que se hallan en elevados puestos de confianza, los que poseen grandes facultades inventivas y discernimiento científico, los hombres de genio, los maestros del Evangelio cuya atención no ha sido llamada a las verdades especiales para este tiempo: éstos deben ser los primeros en escuchar el llamamiento. A ellos se les debe dar la invitación. 

Hay una obra que hacer en favor de los ricos. Ellos necesitan ser despertados a su responsabilidad como personas a quienes se han encomendado los dones del cielo. Necesitan que se les recuerde que han de dar cuenta ante Aquel que juzgará a los vivos y los muertos. 

El Hombre Rico ha menester que se trabaje por él con el amor y el temor de Dios. Demasiado a menudo confía en sus riquezas y no siente su peligro. Los ojos de su mente necesitan ser atraídos a las cosas de valor perdurable. 

Debe reconocer la Autoridad llena de verdadera bondad, que dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" 
(Mateo 11:28-30).* 


 Rara vez se dirige alguien personalmente a los que son encumbrados en el mundo en virtud de su educación, su riqueza o vocación, para hablarles respecto a los intereses 183 del alma. Muchos obreros cristianos vacilan en aproximarse a estas clases. Pero esto no debe ocurrir. Si un hombre se estuviera ahogando, no permaneceríamos sentados mirándolo perecer porque fuera un abogado, un comerciante o un juez. 


Si Viésemos a algunas personas a punto de lanzarse a un precipicio, no vacilaríamos en instarlas a volver atrás, cualquiera fuera su posición u ocupación. Tampoco debemos vacilar en amonestar a los hombres con respecto al peligro del alma. Nadie debe ser descuidado a causa de su aparente devoción a las cosas mundanas. 

 Muchos de los que ocupan altos puestos sociales tienen el corazón apenado y enfermo de vanidad. Anhelan una paz que no tienen. En las esferas más elevadas de la sociedad hay quienes tienen hambre y sed de salvación. Muchos recibirían ayuda si los obreros del Señor se acercaran a ellos personalmente, con maneras amables y corazón enternecido por el amor de Cristo. 


 El éxito en la proclamación del mensaje evangélico no depende de sabios discursos, testimonios elocuentes o profundos argumentos. Depende de la sencillez del mensaje y de su adaptación a las almas que tienen hambre del pan de vida. 

"¿Qué haré para ser salvo?" Este es el anhelo del alma.
 
Millares de personas pueden ser alcanzadas en la forma más sencilla y humilde.

Los más intelectuales, aquellos que son considerados como los hombres y las mujeres mejor dotados del mundo, son frecuentemente refrigerados por las palabras sencillas de alguien que ama a Dios, y que puede hablar de ese amor tan naturalmente como los mundanos hablan de las cosas que más profundamente les interesan.
 

A menudo las palabras bien preparadas y estudiadas no tienen sino poca influencia. Pero las palabras llenas de verdad y sinceridad con que se expresa un hijo o una hija de Dios, habladas con sencillez natural, tienen poder para 184 desatrancar la puerta de los corazones que por largo tiempo ha estado cerrada contra Cristo y su amor. 

Recuerde el obrero de Cristo que no ha de trabajar con su propia fuerza. Eche mano del trono de Dios con fe en su poder para salvar. Luche con Dios en oración y trabaje entonces con todas las facilidades que Dios le ha dado. Se le provee el Espíritu Santo como su eficiencia. Los ángeles ministradores estarán a su lado para impresionar los corazones. 


Si los dirigentes y maestros de Jerusalén hubieran recibido la verdad que Cristo les trajo, ¡qué centro misionero hubiera sido su ciudad! El apóstata Israel se hubiera convertido. Se habría reunido un gran ejército para el Señor. Y cuán rápidamente hubieran llevado ellos el Evangelio a todas partes del mundo. 

Así también ahora, si los hombres de influencia y gran capacidad para ser útiles fuesen ganados para Cristo, qué obra podría hacerse entonces por su medio para elevar a los caídos, recoger a los perdidos y extender remota y ampliamente las nuevas de la salvación. Podría darse rápidamente la invitación, y reunirse los huéspedes a la mesa del Señor. 


 Pero no hemos de pensar solamente en los grandes y talentosos, para descuidar a las clases pobres. Cristo ordenó a sus mensajeros que fueran también a los que estaban en los caminos y vallados, a los pobres y humildes de la tierra. En las plazoletas y callejuelas de las grandes ciudades, en los solitarios caminos de la campaña, hay familias e individuos -quizá extranjeros en tierra extraña-, que no pertenecen a ninguna iglesia, y que, en su soledad, llegan a sentir que Dios se ha olvidado de ellos. 

 No saben lo que deben hacer para salvarse. Muchos están sumidos en el pecado. Muchos están angustiados. Están oprimidos por el sufrimiento, la necesidad, la incredulidad y el desaliento. Se hallan afligidos por enfermedades de toda clase, tanto del cuerpo como del alma. 

Anhelan hallar solaz para sus penas, 185 y Satanás los tienta a buscarlo en las concupiscencias y placeres que conducen a la ruina y la muerte. Les ofrece las manzanas de Sodoma, que se tornarán ceniza en sus labios. Están gastando su dinero en lo que no es pan, y su trabajo en lo que no satisface. 

 En estos dolientes hemos de ver a aquellos a quienes Cristo vino a salvar. 

Su invitación a ellos es: "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche... Oídme atentamente y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura. Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma" (Isa. 55:1-3).* 

 Dios nos ha dado la orden especial de considerar al extranjero, al perdido, y a las pobres almas débiles en poder moral. Muchos que parecen enteramente indiferentes a las cosas religiosas anhelan de corazón descanso y paz, Aunque hayan caído en las mismas profundidades del pecado, hay posibilidades de salvarlos. Los siervos de Cristo han de seguir su ejemplo. Cuando él iba de lugar en lugar, confortaba a los dolientes y sanaba a los enfermos. 

 Luego les exponía las grandes verdades referentes a su reino. Esta es la obra de sus seguidores. Mientras aliviéis los sufrimientos del cuerpo, hallaréis maneras de ministrar a las necesidades del alma. Podéis señalar al Salvador levantado en alto, y hablarles del amor del gran Médico, que es el único que tiene poder para restaurar. 

 Decid a los pobres desalentados que se han descarriado, que no necesitan desesperar. Aunque han errado, y no han edificado un carácter recto, Dios puede devolverles el gozo, aun el gozo de su salvación. Se deleita en tomar material aparentemente sin esperanza, aquellos por quienes Satanás ha obrado, y hacerlos objeto de su gracia. Se goza en librarlos de la ira que está por caer sobre los desobedientes. Decidles que hay sanidad, limpieza para cada alma. Hay 186 lugar para ellos en la mesa del Señor. El está esperando extenderles la bienvenida. 

Los que vayan por los caminos y vallados encontrarán a otros de carácter muy distinto, que necesitan su ayuda. Hay quienes están viviendo a la altura de todo el conocimiento que tienen, y sirviendo a Dios lo mejor que saben. Pero comprenden que debe hacerse una gran obra en favor de ellos mismos y de los que los rodean. Anhelan mayor conocimiento de Dios, pero han comenzado a ver sólo la vislumbre de mayor luz. Están orando con lágrimas que Dios les envíe la bendición que por la fe disciernen a gran distancia. 


 En Medio de la maldad de las grandes ciudades puede hallarse a muchas de estas almas. Muchas de ellas están en circunstancias muy humildes, y por esto el mundo no las conoce. Hay muchos de quienes los ministros e iglesias nada saben. Pero en lugares humildes y miserables ellos son testigos del Señor. Pueden haber tenido poca luz, y pocas oportunidades para el desarrollo cristiano; pero en medio de la desnudez, el hambre y el frío están tratando de ayudar a otros.

 Busquen los mayordomos de la múltiple gracia de Dios a estas almas, visítenlas en sus hogares, y por el poder del Espíritu Santo atiendan sus necesidades. Estudien la Biblia con ellas y oren con ellas, con la sencillez que el Espíritu Santo les inspire. Cristo dará a sus siervos un mensaje que será como pan del cielo para el alma. Las preciosas bendiciones serán llevadas de corazón a corazón, de familia a familia. 


 La orden dada en la parábola: "Fuérzalos a entrar", ha sido a menudo mal interpretada. Se ha considerado que enseña que debemos forzar a los hombres a aceptar el Evangelio. Pero denota más bien la urgencia de la invitación, la eficacia de los alicientes presentados. El Evangelio nunca emplea la fuerza para llevar los hombres a Cristo. 

 Su mensaje es: "A todos los sedientos: Venid a las aguas". "Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven... Y el que quiere, tome 187 del agua de la vida de balde".* El poder del amor y la gracia de Dios nos constriñen a venir. El Salvador dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo" (Isa. 55:1; Apoc. 22:17).*

El no es ahuyentado por el desprecio o desviado por la amenaza, antes busca continuamente a los perdidos diciendo: "¿Cómo tengo de dejarte?"(Oseas 11:8)*

Aunque su amor sea rechazado por el corazón obstinado, vuelve a suplicar con mayor fuerza: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo"(Apoc. 3:20). El poder conquistador de su amor compele a las almas a acceder. Y ellas dicen a Cristo: "Tu benignidad me ha acrecentado"( Salmos 18:35).* 

Cristo impartirá a sus mensajeros el mismo anhelante amor que tiene él para buscar a los perdidos. No hemos de decir meramente: "Ven". Hay quienes oyen el llamado, pero tienen oídos demasiado embotados para comprender su significado. Sus ojos están demasiado cegados para ver cualquier cosa buena provista para ellos.

Muchos comprenden su gran degradación. Dicen: no soy digno de ser ayudado, dejadme solo. Pero los obreros no deben desistir. Sostened con ternura y piadoso amor a los desalentados e impotentes. Infundidles vuestro valor, vuestra esperanza, vuestra fuerza. Compeledlos por la bondad a venir. "A los unos en piedad, discerniendo: mas haced salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego"(Judas 22,23).*

 Si los siervos de Dios quieren caminar con él por la fe, él impartirá poder al mensaje que den. Serán así capacitados para presentar su amor y el peligro de rechazar la gracia de Dios, para que los hombres sean constreñidos a aceptar el Evangelio. 

Cristo realizará maravillosos milagros si tan sólo los hombres quisieran hacer la parte que Dios les ha encomendado. En los corazones humanos puede obrarse hoy una transformación tan grande como la que se operó en las generaciones pasadas. 

 Juan Bunyan fue redimido de la profanidad y las borracheras; Juan Newton 188 de la trata de esclavos, para que proclamaran a un Salvador elevado en alto. Un Bunyan y un Newton pueden redimirse de entre los hombres hoy día. 

Mediante los agentes humanos que cooperen con los divinos serán reivindicados muchos pobres perdidos, quienes a su vez tratarán de restaurar la imagen de Dios en el hombre. 

 Hay quienes han tenido muy escasas oportunidades, y han transitado por los caminos del error porque no conocían ningún camino mejor, a los cuales les llegarán los rayos de la luz.

 Como vinieron a Zaqueo las palabras de Cristo: "Hoy es necesario que pose en tu casa"(Lucas 19:5)* así vendrá a ellos la palabra; y se descubrirá que aquellos a quienes se suponía pecadores endurecidos tienen un corazón tan tierno como el de un niño porque Cristo se ha dignado tenerlos en cuenta. Muchos se volverán de los más groseros errores y pecados, y tomarán el lugar de otros que han tenido oportunidades y privilegios pero que no los han apreciado. Serán considerados los elegidos de Dios, escogidos y preciosos; y cuando Cristo venga en su reino, estarán junto a su trono.


Pero "mirad que no desechéis al que habla"(Hebreos 12.25).* Jesús dijo: "Ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena". Habían rechazado la invitación, y ninguno de ellos fue invitado de nuevo. Al rechazar a Cristo, los judíos estaban endureciendo sus corazones, y entregándose al poder de Satanás, hasta que les era imposible aceptar su gracia. 

 Así es ahora. Si no se aprecia el amor de Dios, ni llega a ser un principio perdurable que ablande y subyugue el alma, estaremos completamente perdidos. 

El Señor no puede manifestar más amor que el que ha manifestado.

Si el amor de Jesús no subyuga el corazón, no hay medios 
por los cuales podamos ser alcanzados.

Cada vez que rehusáis escuchar el mensaje de misericordia, 
os fortalecéis en la incredulidad. 
Cada vez que dejáis de abrir la puerta de vuestro corazón a Cristo, 
llegáis a estar menos y menos dispuestos a escuchar su voz que os 189 habla.

Disminuís vuestra oportunidad de responder al último llamamiento de la misericordia. No se escriba de vosotros como del antiguo Israel: "Efraim es dado a los ídolos; déjalo"(Oseas 4:17).* No llore Cristo por vosotros como lloró por Jerusalén, diciendo: "¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, os es dejada vuestra casa desierta"(Lucas 13:34,35).* 

Estamos viviendo en un tiempo cuando el último mensaje de misericordia,
la última invitación, está sonando para los hijos de los hombres. 

La orden: "Ve por los caminos y por los vallados", está alcanzando su cumplimiento final. La invitación de Cristo será dada a cada alma. Los mensajeros están diciendo: "Venid, que ya está todo aparejado". 

 Los ángeles del cielo están cooperando aún con los agentes humanos. 

El Espíritu Santo está presentando todo incentivo posible para constreñiros a venir. Cristo está velando para ver alguna señal que presagie que serán quitados los cerrojos 
y que la puerta de vuestro corazón será abierta para que entre. 

Los ángeles están aguardando para llevar al cielo las nuevas de que otro perdido pecador ha sido hallado. Las huestes del cielo están aguardando, listas para tocar sus arpas, 
y entonar un canto de regocijo porque otra alma ha aceptado la invitación al banquete evangélico. Amen 190 (Palabras de Vida del Gran Maestro) EGW 

17. "ALIENTO EN LAS DIFICULTADES" (PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO) EGW

CAPITULO 17. ALIENTO EN LAS DIFICULTADES (167-172) 

(Éste Capítulo Está Basado En San Lucas 13:1-9).

CUANDO CRISTO ENSEÑABA, Unía La Invitación Misericordiosa A La Amonestación Referente Al Juicio. "El Hijo del hombre -dijo- no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas". "No envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, más para que el mundo sea salvo por él". Lucas 9:56; Juan 3:17.

SU MISIÓN DE MISERICORDIA, en relación con la justicia y el juicio divinos, se ilustra en la parábola de la higuera estéril. Cristo había estado amonestando a la gente acerca del advenimiento del reino de Dios, y había reprendido severamente su ignorancia e indiferencia. Ellos estaban prontos para leer las señales del cielo que predecían el estado del tiempo; pero no discernían las señales de los tiempos, que tan claramente indicaban su misión.

Pero Los Hombres Estaban Tan Listos Entonces Como Lo Están Hoy A Sacar La Conclusión De Que Ellos Son Los Favoritos Del Cielo, Y Que El Mensaje De Reprobación Se Dirige A Algún Otro.

LOS OYENTES LE CONTARON A JESÚS ACERCA DE UN SUCESO QUE ACABABA DE CAUSAR GRAN EXCITACIÓN. Algunas de las medidas de Poncio Pilato, el gobernador de Judea, habían ofendido al pueblo. Había habido un tumulto popular en Jerusalén, y Pilato había tratado de reprimirlo por la violencia. En cierta ocasión sus soldados habían hasta invadido lo recintos del templo, y quitado la vida a algunos peregrinos galileos en el mismo acto de degollar sus sacrificios. Los judíos consideraban la calamidad como un juicio 168 que venía a consecuencia del pecado del que lo sufría, y aquellos que relataron este acto de violencia, lo hicieron con secreta satisfacción. A su parecer, su propia buena fortuna comprobaba que ellos eran mucho mejores, y por lo tanto, más favorecidos por Dios que aquellos galileos. Esperaban oír de Jesús palabras de condenación contra aquellos hombres, que, a no dudarlo, harto merecían su castigo.

LOS DISCÍPULOS DE CRISTO no se aventuraron a expresar sus ideas hasta que hubieron oído la opinión de su Maestro. Él les había dado lecciones definidas con respecto a juzgar los caracteres de otros hombres, y medir la retribución de acuerdo con su juicio finito. Sin embargo, esperaban que Cristo denunciase a esos hombres como más pecadores que los demás. Grande fue su sorpresa al oír la respuesta del Señor.

VOLVIÉNDOSE A LA MULTITUD, EL SALVADOR DIJO: "¿Pensáis que estos galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los galileos? No, os digo; antes si no os arrepintierais, todos pereceréis igualmente".

Estas espantosas calamidades tenían por objeto inducirles a humillar sus corazones, y a arrepentirse de sus pecados. La tormenta de la venganza se preparaba, y estaba a punto de estallar sobre todos los que no habían encontrado un refugio en Cristo.

MIENTRAS JESÚS HABLABA Con Sus Discípulos Y Con La Multitud, Miró Hacia Lo Futuro Con Mirada Profética, Y Vio A Jerusalén Cercada De Ejércitos. Oyó la marcha de los extranjeros que avanzaban contra la ciudad escogida, y vio los millares y más millares que perecían en el sitio. Muchos de los judíos fueron, a semejanza de aquellos galileos, muertos en los atrios del templo en el mismo acto de ofrecer sus sacrificios. Las calamidades que habían caído sobre los individuos eran amonestaciones de Dios dirigidas a una nación igualmente culpable. "Si no os arrepintierais - dijo Jesús-, todos pereceréis igualmente".

POR UN CORTO TIEMPO, 169 El Día De Gracia Se Prolongaba Para Ellos. Todavía era tiempo de conocer las cosas que atañían a su paz.

"Tenía uno una higuera plantada en su viña -continuó Jesús-, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo: córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?"

LOS OYENTES DE CRISTO no podían interpretar mal la aplicación de sus palabras. 

David había cantado acerca de Israel como la viña sacada de Egipto.

 Isaías había escrito: "La viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa." Isa. 5:7. La generación a la cual el Salvador había venido, estaba representada por la higuera plantada en la viña del Señor, que se hallaba dentro del círculo de su cuidado y bendición especiales.

EL PROPÓSITO DE DIOS HACIA SU PUEBLO, y las gloriosas posibilidades que se abrían ante ellos, habían sido presentados en las hermosas palabras siguientes: "Serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suyo". Isa. 61:3. 

El moribundo Jacob, bajo el Espíritu de la inspiración, había dicho acerca de su más amado hijo: "Ramo fructífero José, ramo fructífero junto a fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro".  Y dijo: el "Dios de tu padre" "te ayudará", el Todopoderoso "te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo". Gen. 49:22,25.

Así Dios Había Plantado A Israel Como Una Hermosa Viña Junto A Las Fuentes De La Vida. Había colocado a su viña "en un recuesto, lugar fértil. Habíala cercado, y despedregádola, y plantádola de vides escogidas".

"Esperaba que llevase uvas, y llevó uvas silvestres". Isa. 5:1,2.

LA GENTE QUE VIVÍA EN LOS DÍAS DE CRISTO hacía mayor ostentación de piedad que la que hacían los judíos de los primeros tiempos, pero estaba todavía más destituida de las dulces gracias del Espíritu de Dios. Los preciosos frutos del carácter que hicieron tan fragante y hermosa 170 la vida de José, no se manifestaron en la nación judía.

Dios en su Hijo había estado buscando fruto y no la había encontrado.

ISRAEL Era Un Estorbo En La Tierra. Su misma existencia era una maldición; pues ocupaba en la viña el lugar que podía haber servido para un árbol fructífero. Despojaba al mundo de las bendiciones que Dios se proponía darle. Los israelitas habían representado mal a Dios entre las naciones. No eran meramente inútiles, sino un obstáculo decidido.

 En gran medida su religión descarriaba a la gente,

y obraba la ruina en vez de la salvación.

EN LA PARÁBOLA, el viñero no pone objeción a la afirmación de que si el árbol permanecía infructífero debía ser cortado; pero conoce y comparte los intereses del dueño en cuanto a aquel árbol estéril. Nada podía darle mayor placer que verlo crecer y fructificar. Responde al deseo del dueño diciendo: "Déjala aún este año, hasta que la excave y estercole. Y si hiciere fruto, bien".

EL VIÑERO no rehúsa trabajar por una planta tan poco promisoria. Está listo a prodigarle más cuidado aún. Hará más favorable su ambiente y le prodigará la máxima atención.

EL DUEÑO Y EL VIÑERO son uno en su interés por la higuera.

ASÍ EL PADRE Y EL HIJO ERAN UNO EN SU AMOR POR EL PUEBLO ESCOGIDO. Cristo estaba diciendo a sus oyentes que se les concederían mayores oportunidades. Todo medio que el amor de Dios pudiese idear, sería puesto en práctica a fin de que ellos llegasen a ser árboles de justicia, que produjeran fruto para la bendición del mundo.

JESÚS NO HABLÓ EN LA PARÁBOLA ACERCA DEL RESULTADO DE LA OBRA DEL VIÑERO. Su parábola terminó en ese punto. El desenlace dependía de la generación que había oído sus palabras. A los hombres de esa generación se les dio la solemne amonestación: "Si no, la cortarás después". De ellos dependía el que las palabras irrevocables fuesen pronunciadas. 171

EL DÍA DE LA IRA ESTABA CERCANO. Con las calamidades que ya habían caído sobre Israel, el dueño de la viña los había amonestado misericordiosamente acerca de la destrucción del árbol infructífero.

LA AMONESTACIÓN resuena a través del tiempo hasta esta generación. ¿Eres tú, oh corazón descuidado, un árbol infructífero en la viña del Señor? ¿Se dirán respecto a ti antes de mucho las palabras de juicio? ¿Por cuánto tiempo has recibido sus dones? ¿Por cuánto tiempo ha velado y esperado él una retribución de amor? 

Plantado en su viña, bajo el cuidado especial del jardinero, ¡qué privilegios son los tuyos! ¡Cuán a menudo ha conmovido tu corazón el tierno mensaje del Evangelio! Has tomado el nombre de Cristo; en lo exterior eres un miembro de la iglesia, que es su cuerpo, y sin embargo eres consciente de que no tienes ninguna conexión vital con el gran corazón de amor. La corriente de su vida no fluye a través de ti. Las dulces gracias de su carácter, "los frutos del Espíritu", no se ven en tu vida.

EL ÁRBOL INFRUCTÍFERO RECIBE LA LLUVIA, LA LUZ DEL SOL Y EL CUIDADO DEL JARDINERO. Obtiene alimento de la tierra. Pero sus ramas improductivas solamente oscurecen el terreno, de manera que las plantas fructíferas no pueden crecer bajo su sombra. Así los dones de Dios, que te fueron prodigados, no reportan bendición para el mundo. Estás despojando a otros de los privilegios que, si no fuera por ti, serían suyos.

COMPRENDES, aunque sea sólo oscuramente, que eres un estorbo en el terreno. Sin embargo, en su gran misericordia, Dios no te ha cortado. No te considera con frialdad. No se vuelve con indiferencia, ni te abandona a la destrucción. Al mirar sobre ti, clama, como clamó hace tantos siglos con respecto a Israel: "¿Cómo tengo de dejarte, oh Efraim? ¿he de entregarte yo, Israel?... No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir a Efraim: porque Dios 172 soy, y no hombre". Oseas 11:8,9.

EL PIADOSO SALVADOR DICE CON RESPECTO A TI: Déjalo este año, hasta que yo excave alrededor de él, y lo cultive.

CON QUÉ INCANSABLE amor Cristo ministró a Israel durante el período adicional de gracia. Sobre la cruz él oró: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Lucas 23:34.

DESPUÉS DE SU ASCENSIÓN, EL EVANGELIO FUE PREDICADO PRIMERO EN JERUSALÉN. Allí fue derramado el Espíritu Santo. Allí la primera iglesia evangélica reveló el poder del Salvador resucitado. Allí Esteban -"su rostro como el rostro de un ángel" Hechos 6:15.*- presentó su testimonio y depuso su vida. Todo lo que los cielos mismos podían conceder lo concedieron. "¿Qué más se había de hacer a mi viña -dijo Cristo- que yo no haya hecho en ella?" Isa. 5:4.

ASÍ SU CUIDADO Y TRABAJO POR TI NO SON DISMINUIDOS SINO AUMENTADOS. Todavía Él Dice: "Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite". Isa. 27:3.

"Si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después".

EL CORAZÓN QUE NO RESPONDE A LOS AGENTES DIVINOS, llega a endurecerse hasta que no es más susceptible a la influencia del Espíritu Santo. Es entonces cuando se pronuncia la palabra: "Córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?"

HOY ÉL TE INVITA: "Conviértete, oh Israel, a Jehová tu Dios... Yo medicinaré tu rebelión, amarélos de voluntad... Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano... Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid... De mí será hallado tu fruto". Oseas 14:1-8. 173 PVGM/EGW


16. "LA REHABILITACIÓN DEL HOMBRE" (PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO) EGW

CAPITULO 16. LA REHABILITACION DEL HOMBRE (156-166)

(Éste Capítulo Está Basado En San Lucas 15:11-32).

Las Parábolas De La Oveja Perdida, De La Moneda Perdida Y Del Hijo Pródigo, Presentan En Distintas Formas El Amor Compasivo De Dios Hacia Los Que Se Descarriaron De Él. Aunque Ellos Se Han Alejado De Dios, Él No Los Abandona En Su Miseria. Está Lleno De Bondad Y Tierna Compasión Hacia Todos Los Que Se Hallan Expuestos A Las Tentaciones Del Astuto Enemigo.

EN LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO, se presenta el proceder del Señor con aquellos que conocieron una vez el amor del Padre, pero que han permitido que el tentador los llevara cautivos a su voluntad.

"Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada".

ESTE HIJO MENOR SE HABÍA CANSADO DE LA SUJECIÓN A QUE ESTABA SOMETIDO EN LA CASA DE SU PADRE. Le parecía que se le restringía su libertad. Interpretaba mal el amor y cuidado que le prodigaba su padre, y decidió seguir los dictados de su propia inclinación.

EL JOVEN NO RECONOCE NINGUNA OBLIGACIÓN HACIA SU PADRE, ni expresa gratitud; no obstante reclama el privilegio de un hijo en la participación de los bienes de su padre. Desea recibir ahora la herencia que le correspondería a la muerte de su padre.

Está Empeñado En Gozar Del Presente, Y No Se Preocupa De Lo Futuro. 157

HABIENDO OBTENIDO SU PATRIMONIO, fue "a una provincia apartada", lejos de la casa de su padre. Teniendo dinero en abundancia y libertad para hacer lo que le place, se lisonjea de haber logrado el deseo de su corazón. 

No hay quien le diga: No hagas esto, porque será perjudicial para ti; o: Haz esto porque es recto. Las malas compañías le ayudan a hundirse cada vez más profundamente en el pecado, y desperdicia "su hacienda viviendo perdidamente".

La Biblia habla de hombres que "diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos"; Rom. 1:22.

Y Éste Es El Caso Del Joven De La Parábola. Despilfarra Con Rameras La Riqueza Que Egoístamente Reclamó De Su Padre.

Malgasta El Tesoro De Su Virilidad. Los Preciosos Años De Vida, La Fuerza Del Intelecto, Las Brillantes Visiones De La Juventud, Las Aspiraciones Espirituales, Todos Son Consumidos En El Altar De La Concupiscencia.

SOBREVIENE UNA GRAN HAMBRE; él comienza a sentir necesidad y se llega a uno de los ciudadanos de aquel país, quien lo envía al campo a apacentar cerdos. Para un judío ésta era la más mezquina y degradante de las ocupaciones. El joven que se había jactado de su libertad, ahora se encuentra esclavo. Está sometido al peor de los yugos: "Detenido... con las cuerdas de su pecado". Prov. 5:22.

EL ESPLENDOR Y EL BRILLO QUE LO OFUSCARON HAN DESAPARECIDO, Y SIENTE EL PESO DE SU CADENA. Sentado en el suelo de aquella tierra desolada y azotada por el hambre, sin otra compañía que los cerdos, se resigna a saciarse con los desperdicios con que se alimentan las bestias.

NO CONSERVA LA AMISTAD de ninguno de los alegres compañeros que lo rodeaban en sus días de prosperidad y comían y bebían a costa suya. ¿Dónde está ahora su gozo desenfrenado? Tranquilizando su conciencia, amodorrando su sensibilidad, se creyó feliz; pero ahora, sin dinero, sufriendo de hambre, con su orgullo humillado, con su naturaleza moral empequeñecida, con su voluntad debilitada e indigna de confianza, con sus mejores sentimientos 158 aparentemente muertos, es el más desventurado de los mortales.

¡Qué Cuadro Se Presenta Aquí De La Condición Del Pecador! Aunque rodeado de las bendiciones del amor divino, no hay nada que el pecador, empeñado en la complacencia propia y los placeres pecaminosos, desee tanto como la separación de Dios. A semejanza del hijo desagradecido, pretende que las cosas buenas de Dios le pertenecen por derecho. Las recibe como una cosa natural, sin expresar agradecimiento ni prestar ningún servicio de amor. Así como Caín salió de la presencia del Señor para buscarse hogar; así como el pródigo vagó por "una provincia apartada", así los pecadores buscan la felicidad en el olvido de Dios. Rom. 1:28.

CUALQUIERA SEA SU APARIENCIA, toda vida cuyo centro es el yo, se malgasta. Quienquiera que intente vivir lejos de Dios, está malgastando su sustancia, desperdiciando los años mejores, las facultades de la mente, el corazón y el alma, y labrando su propia bancarrota para la eternidad.

El Hombre Que Se Separa De Dios Para Servirse A Sí Mismo, es esclavo de Mammón. La gente que Dios creó para asociarse con los ángeles, ha llegado a degradarse en el servicio de lo terreno y bestial.

Este Es El Fin Al Cual Conduce El Servicio Del Yo. Si habéis escogido una vida tal, sabed que estáis gastando dinero en aquello que no es pan, y trabajando por lo que no satisface. Llegarán horas cuando os daréis cuenta de vuestra degradación. Solos en la provincia apartada, sentís vuestra miseria, y en vuestra desesperación clamáis: "¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?" Rom. 7:24.

LAS PALABRAS DEL PROFETA CONTIENEN LA DECLARACIÓN DE UNA VERDAD UNIVERSAL CUANDO DICE: "Maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová. Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra 159 despoblada y deshabitada". Jeremías 17:5,6.

DIOS "HACE QUE SU SOL SALGA SOBRE MALOS Y BUENOS, y llueve sobre justos e injustos"; Mateo 5:45. Pero los hombres poseen la facultad de privarse del sol y la lluvia. Así, mientras brilla el Sol de Justicia, y las lluvias de gracia caen libremente para todos, podemos, separándonos de Dios, morar "en las securas en el desierto".

EL AMOR DE DIOS Aún Implora Al Que Ha Escogido Separarse De Él, y pone en acción influencias para traerlo de vuelta a la casa del Padre.

EL HIJO PRÓDIGO VOLVIÓ EN SÍ EN MEDIO DE SU DESGRACIA. Fue quebrantado el engañoso poder que Satanás había ejercido sobre él. Se dio cuenta de que su sufrimiento era la consecuencia de su propia necedad, y dijo: "¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, e iré a mi padre". Desdichado como era, el pródigo halló esperanza en la convicción del amor de su padre. Fue ese amor el que lo atrajo hacia el hogar. Del mismo modo, la seguridad del amor de Dios constriñe al pecador a volverse a Dios.  "Su benignidad te guía a arrepentimiento". Rom. 2:4.

LA MISERICORDIA Y COMPASIÓN DEL AMOR DIVINO, a manera de una cadena de oro, rodea a cada alma en peligro. El Señor declara: "Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con misericordia". Jeremías 31:3.

EL HIJO SE DECIDE A CONFESAR SU CULPA. Irá al padre diciendo: "Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo". Pero agrega, mostrando cuán mezquino es su concepto del amor de su padre: "Hazme como a uno de tus jornaleros".

EL JOVEN SE APARTA DE LA PIARA Y LOS DESPERDICIOS, Y SE DIRIGE HACIA SU HOGAR. Temblando de debilidad, y desmayando de hambre, prosigue ansiosamente su camino. No tiene con qué ocultar sus harapos; pero su miseria ha vencido a su orgullo, y se apresura para pedir el lugar de un siervo donde una vez fuera hijo.

Poco se imaginaba el alegre e irreflexivo joven, cuando 160 salía de la casa de su padre, el dolor y la ansiedad que dejaba en el corazón de ese padre. Mientras bailaba y banqueteaba con sus turbulentos compañeros, poco pensaba en la sombra que se había extendido sobre su casa. Y cuando con pasos cansados y penosos toma el camino que lleva a su casa, no sabe que hay uno que espera su regreso. Sin embargo, "como aún estuviese lejos", su padre lo distinguió. El amor percibe rápidamente. Ni aun la degradación de los años de pecado puede ocultar al hijo de los ojos de su padre. El "fue movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello", en un largo, estrecho y tierno abrazo.

EL PADRE No Había De Permitir Que Ningún Ojo Despreciativo Se Burlara De La Miseria Y Los Harapos De Su Hijo. Saca De Sus Propios Hombros El Amplio Y Rico Manto Y Cubre La Forma Exangüe De Su Hijo, Y El Joven Solloza Arrepentido, Diciendo: "Padre, He Pecado Contra El Cielo Y Contra Ti, Y Ya No Soy Digno De Ser Llamado Tu Hijo". El padre lo retiene junto a sí, y lo lleva a la casa. No se le da oportunidad de pedir el lugar de un siervo. Él es un hijo, que será honrado con lo mejor de que dispone la casa, y a quien los siervos y siervas habrán de respetar y servir.

EL PADRE DICE A SUS SIERVOS: "Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: porque éste mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse".

EN SU JUVENTUD INQUIETA EL HIJO PRÓDIGO JUZGABA A SU PADRE AUSTERO Y SEVERO. ¡Cuán diferente su concepto de él ahora! Del mismo modo, los que siguieron a Satanás creen que Dios es duro y exigente. Creen que los observa para denunciarlos y condenarlos, y que no está dispuesto a recibir al pecador mientras tenga alguna excusa legal para no ayudarle. Consideran su ley como una restricción a la felicidad de los hombres, un yugo abrumador del que se 161 libran con alegría. Pero aquel cuyos ojos han sido abiertos por el amor de Cristo, contemplará a Dios como un ser compasivo. No aparece como un ser tirano e implacable, sino como un padre que anhela abrazar a su hijo arrepentido. El pecador exclamará con el salmista: "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen". Salmos 103:13.

EN LA PARÁBOLA no se vitupera al pródigo ni se le echa en cara su mal proceder. El hijo siente que el pasado es perdonado y olvidado, borrado para siempre. Y así Dios dice al pecador: "Yo deshice como a nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados". Isa. 44:22. "Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado". Jer. 31:34. "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar". Isa. 55:7. "En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no parecerá, y los pecados de Judá, y no se hallarán". Jer. 50:20.

¡Qué Seguridad Se Nos Da Aquí De La Buena Voluntad De Dios 

Para Recibir Al Pecador Arrepentido!

¿Has escogido tú, lector, tu propio camino? ¿Has vagado lejos de Dios? ¿Has procurado deleitarte con los frutos de la transgresión, para hallar tan sólo que se vuelven ceniza en tus labios?

Y AHORA, DESPERDICIADA TU HACIENDA, frustrados los planes de tu vida, y muertas tus esperanzas, ¿te sientes solo y abandonado? 

Hoy aquella voz que hace tiempo ha estado hablando a tu corazón, pero a la cual no querías escuchar, llega a ti distinta y clara: "Levantaos, y andad, que no es ésta la holganza; porque está contaminada, corrompióse, y de grande corrupción". Miqueas 2:10. Vuelve a la casa de tu Padre. 

Él te invita, diciendo: "Tórnate a mí, porque yo te redimí". Isa. 44:22.

NO PRESTÉIS OÍDO a la sugestión del enemigo de permanecer lejos de Cristo hasta que os hayáis hecho mejores; hasta que seáis suficientemente buenos para ir a Dios. Si 162 esperáis hasta entonces, nunca iréis.

CUANDO SATANÁS os señale vuestros vestidos sucios, repetid la promesa de Jesús: "Al que a mí vienes, no le echo fuera". Juan 6:37. Decid al enemigo que la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado.

HACED VUESTRA LA ORACIÓN DE DAVID: "Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve". Salmos 51:7.

LEVANTAOS E ID A VUESTRO PADRE. Él os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais, arrepentidos, un solo paso hacia él, se apresurará a rodearos con sus brazos de amor infinito. Su oído está abierto al clamor del alma contrita. El conoce el primer esfuerzo del corazón para llegar a él.

NUNCA SE OFRECE UNA ORACIÓN, aun balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aun en secreto, nunca se acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíritu de Dios vaya a su encuentro. Aun antes de que la oración sea pronunciada, o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuentro de la gracia que está obrando en el alma humana.

VUESTRO PADRE CELESTIAL os quitará los vestidos manchados por el pecado. En la hermosa profecía parabólica de Zacarías, el sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor vestido con vestimentas viles, representa al pecador. 

Y el Señor dice: "Quitadles esas vestimentas viles. Y a él dijo: Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te hecho vestir de ropas de gala... Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y vistiéronle de ropas". Zacarías 3:4,5. Precisamente así os vestirá Dios con "vestidos de salud", y os cubrirá con el "manto de justicia". "Bien que fuisteis echados entre los tiestos, seréis como las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro". Isa. 61:10; Salmos 68:13.

"Él os llevará a su casa de banquete, y su bandera que flameará sobre vosotros será amor". Cantares 2:4. "Si anduvieres por mis caminos -declara él-, entre éstos que aquí están te daré plaza", Zacarías 3:7, aun entre los santos ángeles que rodean su trono. 163

"Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo". "El salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar". Isa. 62:5; Sofo. 3:17.

Y EL CIELO Y LA TIERRA SE UNIRÁN EN EL CANTO DE REGOCIJO DEL PADRE: "Porque éste mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado".

EL HIJO MAYOR

HASTA Esta Altura, en la parábola del Salvador no hay ninguna nota discordante que rompa la armonía de la escena de gozo; pero ahora Cristo introduce otro elemento. 

Cuando el pródigo vino al hogar, "su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; y llamando a uno de los criados, preguntóle qué era aquello. Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. Entonces se enojó, y no quería entrar".

ESTE HERMANO MAYOR NO HABÍA COMPARTIDO LA ANSIEDAD y los desvelos de su padre por el que estaba perdido. No participa, por lo tanto, del gozo del padre por el regreso del extraviado. Los cantos de regocijo no encienden ninguna alegría en su corazón. Inquiere de uno de los siervos la razón de la fiesta, y la respuesta excita sus celos. No irá a dar la bienvenida a sus hermano perdido. Considera como un insulto a su persona el favor mostrado al pródigo.

CUANDO EL PADRE SALE A RECONVENIRLO, se revelan el orgullo y la malignidad de su naturaleza. Presenta su propia vida en la casa de sus padre como una rutina de servicio no recompensado, y coloca entonces en mezquino contraste el favor manifestado al hijo recién llegado. Aclara el hecho de que su propio servicio ha sido el de un siervo más bien que el de un hijo. Cuando hubiera debido hallar gozo perdurable en la presencia de su padre, su mente descansaba en el provecho que provendría de su vida prudente. Sus palabras revelan que por esto él se ha privado de los placeres del pecado.

Ahora si este hermano ha de compartir los 164 dones de su padre, el hijo mayor se considera agraviado. Envidia el favor mostrado a su hermano. Demuestra claramente que si él hubiese estado en lugar de su padre, no hubiera recibido al pródigo. Ni aun lo reconoce como a un hermano, sino que habla fríamente de él como "tu hijo".

NO OBSTANTE, el padre arguye tiernamente con él. "Hijo -dice-, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". A través de todos estos años de la vida perdida de tu hermano, ¿no has tenido el privilegio de gozar de mi compañía?

TODAS LAS COSAS que podían contribuir a la felicidad de sus hijos estaban a su entera disposición. El hijo no necesitaba preocuparse de dones o recompensas. "Todas mis cosas son tuyas". Necesitas solamente creer en mi amor, y tomar los dones que se te otorgan liberalmente.

Un hijo se había ido por algún tiempo de la casa, no discerniendo el amor del padre. Pero ahora ha vuelto, y una corriente de gozo hace desaparecer todo pensamiento de desasosiego. "Este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado".

¿Se logró que el hermano mayor viera su propio espíritu vil y desagradecido? ¿Llegó a ver que aunque su hermano había obrado perversamente, era todavía su hermano? ¿Se arrepintió el hermano mayor de sus celos y de la dureza de sus corazón? Concerniente a esto, Cristo guardó silencio. Porque la parábola todavía se estaba desarrollando, y a sus oyentes les tocaba determinar cuál sería el resultado.

EL HIJO MAYOR representaba a los impenitentes judíos del tiempo de Cristo, y también a los fariseos de todas las épocas que miran con desprecio a los que consideran como publicanos y pecadores. Por cuanto ellos mismos no han ido a los grandes excesos en el vicio, están llenos de justicia propia.

CRISTO HIZO FRENTE A ESOS HOMBRE CAVILOSOS EN SU PROPIO TERRENO. Como el hijo mayor de la parábola, tenían privilegios especiales otorgados por Dios. Decían ser hijos 165 en la casa de Dios, pero tenían el espíritu del mercenario. Trabajaban no por amor, sino por la esperanza de la recompensa. A su juicio, Dios era un patrón exigente. Veían que Cristo invitaba a los publicanos y pecadores a recibir libremente el don de su gracia -el don que los rabino esperaban conseguir sólo mediante obra laboriosa y penitencia-, y se ofendían. El regreso del pródigo, que llenaba de gozo el corazón del Padre, solamente los incitaba a los celos.

La Amonestación Del Padre De La Parábola Al Hijo Mayor, Era Una Tierna Exhortación Del Cielo A Los Fariseos. "Todas Mis Cosas Son Tuyas", -No Como Pago, Sino Como Don. Como El Pródigo, Las Podéis Recibir Solamente Como La Dádiva Inmerecida Del Amor Del Padre.

La justificación propia no solamente induce a los hombre a tener un falso concepto de Dios, sino que también los hace fríos de corazón y criticones para con sus hermanos.

El hijo mayor, en su egoísmo y celo, estaba listo para vigilar a su hermano, para criticar toda acción, y acusarlo por la menor deficiencia. Estaba listo para descubrir cada error, y agrandar todo mal acto. Así trataría de justificara su propio espíritu no perdonador.

Muchos están haciendo lo mismo hoy día. Mientras el alma está soportando sus primeras luchas contra en diluvio de tentaciones, ellos se mantienen porfiados, tercos, quejándose, acusando. Pueden pretender ser hijos de Dios, pero están manifestando el espíritu de Satanás.

Por su actitud hacia sus hermanos, estos acusadores se colocan donde Dios no puede darles la luz de su presencia.

MUCHOS Se Están Preguntando Constantemente: "¿Con qué prevendré a Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite?" Pero, "oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer 166 juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios". Miqueas 6:6-8.*

Este es el servicio que Dios ha escogido: "Desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo..., y no te escondas de tu carne". Isa. 58:6,7.*

CUANDO COMPRENDÁIS que sois pecadores salvados solamente por el amor de vuestro Padre celestial, sentiréis tierna compasión por otros que están sufriendo en el pecado. No afrontaréis más la miseria y el arrepentimiento con celos y censuras. Cuando el hielo del egoísmo de vuestros corazones se derrita, estaréis en armonía con Dios, y participaréis de su gozo por la salvación de los perdidos.

ES CIERTO QUE PRETENDES SER HIJO DE DIOS, pero si esta pretensión es verdadera, es "tu hermano" el que "muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado". Está unido a ti por los vínculos más estrechos; porque Dios lo reconoce como hijo. Si niegas tu relación con él, demuestras que no eres sino asalariado en la casa, y no hijo en la familia de Dios.

AUNQUE no os unáis para dar la bienvenida a los perdidos, el regocijo se producirá, y el que haya sido restaurado tendrá lugar junto al Padre y en la obra del Padre. Aquel a quien se le perdona mucho, ama mucho. Pero vosotros estaréis en las tinieblas de afuera.

Porque "el que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor". 1Juan 4:8. 167 PVGM/EGW