29/3/11

2 "La Belleza del Matrimonio"



“Tenga un Hogar Feliz,
su Familia lo merece”
Lección 02 de 10

Habiendo tratado en la lección anterior los aspectos atinentes al noviazgo y formalización del matrimonio, en la presente destacaremos algunos conceptos que contribuirán a caracterizar, o definir a un hogar feliz, como deseamos que sea el suyo.

1. ¿QUE ES UN HOGAR?

“¡Hogar, dulce hogar!” Sin embargo, ¿es siempre fácil lograrlo? Alguien ha dicho que el hogar “es una alfombra de paz, paredes de amor que lo guardan, un techo de esperanza y una puerta abierta a Dios y al prójimo. Es un círculo mágico donde los espíritus cultivados hallan descanso, y el lugar al cual acuden los corazones abrumados para hallar refugio contra los embates de la vida. Es un nido lleno de amor en un mundo envuelto en luchas”. Por otra parte, es el reino del hombre, el mundo de la mujer y el paraíso de los niños.
El muchachito miraba con interés el nuevo pueblo adonde se habían mudado. Un forastero le preguntó " ¿Se halla en este pueblo tu hogar?” “Sí señor -repuso el niño -, nuestro hogar está aquí aunque todavía no le hemos conseguido casa. Papá está edificando una para instalarlo”. Podemos cambiamos de casa, pero no de hogar. Para formarlo se necesitan más que cuatro paredes. Hogar significa calor, amor, ternura, simpatía, comprensión y comunicación afectuosa entre los padres y los hijos. Entendido así, el hogar puede encontrarse en un palacio o en una chocita, en el pequeño departamento de una gran ciudad o en la cumbre de una montaña hay hogar donde hay amor. Entre las muchas definiciones de hogar que recibió una revista londinense después de una encuesta, se destacan las siguientes:

a) Hogar: es un mundo de dificultades afuera, y un mundo de amor adentro.
b) Hogar: es el lugar donde los pequeños son grandes y donde los grandes son pequeños.
c) Hogar: es el lugar donde rezongamos más y se nos trata mejor.
d) Hogar: es el lugar donde nuestro estómago recibe tres comidas diarias y nuestro corazón mil.
e) Hogar: es el único lugar de la tierra donde las faltas y los fracasos de la humanidad quedan ocultos bajo el suave manto del amor.

Todos podemos tener un hogar así. ¿Por qué no empezar hoy mismo? Todos podemos llegar a ser felices en la medida en que nos decidamos a serlo, y en la medida en que estemos dispuestos a pagar el precio de la abnegación y del esfuerzo perseverante.

2. HOGARES MAL FORMADOS

A) –¿De veras te casas? –le preguntó su amigo a Ricardo. –Así es –afirmó éste–, pero no vayas a creer que estoy enamorado. Lo decidí al hacer mis cálculos y comprobar que me saldrá más barato que vivir en el hotel.
B) El padre trataba, sin éxito, de razonar con Rosa y Alfredo, dos adolescentes de 16 y 17 años que deseaban casarse. Trataba de demostrarles que física y emocionalmente no estaban todavía maduros para afrontarlas responsabilidades que entraña el
matrimonio. Finalmente le hizo a Alfredo una pregunta que había estado tratando de evitar: – ¿Cómo sostendrás tu hogar? Rosa terció diciéndole a su progenitor:
– ¡Papá, nos casaremos aunque tengamos que vivir a pan y agua! Alfredo quedó pensativo y dijo: –Ahora comprendo, Sr. Fernández. Honestamente reconozco que lo único que podríamos costear es el agua.
C) –¡Cómo! ¿te casaste? No supimos nada de tu boda –le decían dos compañeras a Gloria.
Esta bajó el rostro y con lágrimas repuso: –Pronto seremos padres y decidimos con Alberto realizar un casamiento privado, en medio de una tempestad familiar.
El egoísmo interesado de Ricardo, la inmadurez y precipitación irresponsables de Rosa y
Alfredo, y la relación premarital de Gloria que abatió de vergüenza su frente, ilustran sólo tres de los tantos casos de hogares mal formados en nuestros días. “Antes de asumir las responsabilidades del matrimonio, los jóvenes y las jóvenes deben tener experiencia en la vida práctica, que los haga aptos para cumplir con sus deberes y llevar las cargas de la vida. No hay que favorecer los matrimonios prematuros. Un compromiso tan importante como el matrimonio y de resultados tan trascendentes no debe contraerse con precipitación, sin la preparación suficiente, y antes que las facultades intelectuales y físicas estén bien desarrolladas” (El Hogar y la Salud, pág. 13).
Si Ud. ya formó su hogar no habiendo tenido en cuenta estos principios de la felicidad conyugal, siempre está a tiempo para cultivarlos, no importa los años transcurridos desde la boda.

3. LA INFLUENCIA DE HOGARES BIEN FORMADOS

El “dulce hogar” con que legítimamente sueñan los seres humanos es una delicada empresa cargada de tremenda responsabilidad por las consecuencias que implica para los contrayentes como también para la sociedad. Se ha dicho que la “restauración y elevación de la humanidad empiezan en el hogar”. La sociedad se compone de familias, y es lo que la hagan las cabezas de las familias. El corazón de la comunidad es el hogar. El bienestar de la sociedad y la prosperidad de la nación dependen de las influencias del hogar. Un hogar bien formado (teniendo en cuenta algunos principios como los expuestos en la lección anterior), se transforma en una potencia para el bien
en el ámbito social, y en felicidad plena para los cónyuges y los hijos. ¿Ha pensado Ud. en las cualidades espirituales y morales que pondrá en marcha hacia el futuro mediante la formación de su hogar y su descendencia?

4. BELLEZA DEL MATRIMONIO

El matrimonio es el estado en el cual el hombre y la mujer se realizan plenamente como tales. Responde adecuadamente a las necesidades físicas y emotivas de los cónyuges, permitiéndoles alcanzar el más sublime de los privilegios: la paternidad, por la cual dan origen a una nueva generación. Tan admirablemente dotó el Creador con atributos
masculinos al hombre y femeninos a la mujer, que se complementan en forma ideal para formar una pareja y vivir el estado matrimonial. Por creerlos oportunos, citamos aquí los hermosos pensamientos de Víctor Hugo que titulara “El Hombre y la Mujer”:

“El hombre es la más elevada de las criaturas. La mujer el más sublime de los ideales.
Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar.
El trono exalta, el altar santifica. “El hombre es el cerebro; la mujer el corazón.
El cerebro fabrica la luz, el corazón produce el amor.
La luz fecunda, el amor resucita. “El hombre es un genio; la mujer es un ángel.
El genio es inmensurable, el ángel es indefinible.
Se contempla lo infinito, se admira lo inefable. “La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la virtud hace lo divino. “El hombre tiene la supremacía; la mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa el derecho. “El hombre es fuerte por la razón; la mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence; las lágrimas conmueven. “El hombre es capaz de todos los heroísmos; la mujer de todos los martirios. El heroísmo ennoblece, el martirio corrige... “El hombre tiene un fanal, la conciencia; la mujer tiene una estrella, la esperanza. El fanal guía, la esperanza salva. “En fin: el hombre está colocado donde termina la tierra; la mujer donde comienza el cielo”.

Así pues, hay belleza en el matrimonio cuando el hombre no se considera superior a
la mujer ni ésta superior al hombre, sino que respetándose mutuamente se complementan y estimulan hacia la meta común: la felicidad. Y en el hogar, “donde la tierra se encuentra con el cielo”, el hombre y la mujer pueden encontrarse ante Dios, su Hacedor, en plena igualdad, para cumplir bajo su advocación los designios divinos para el hogar.

5. LO QUE DEBEN SABER LOS ESPOSOS

a) Conocimiento de las funciones del cuerpo humano.
La salud es uno de los grandes pilares que sostienen la felicidad del hogar, y el
conocimiento de las leyes que la rigen permitirá a los cónyuges protegerse mutuamente, y en forma especial cuidar la salud de sus hijos, Por lo tanto, los esposos deberían estudiar y familiarizarse con el funcionamiento del organismo humano; entender las funciones de los distintos órganos y su mutua relación y dependencia; entender la relación entre las facultades mentales y físicas, y las condiciones que se requieren para el sano funcionamiento de cada una de ellas.
b) Conocimiento acerca del sexo. Muchas parejas entran en la vida matrimonial sin
poseer un mínimo conocimiento de la anatomía y fisiología del sexo. Por lo tanto,
es necesario que los esposos se ilustren al respecto leyendo buenos textos, informándose
en forma seria y con altura.
¡Cuántos traumas y desdichas se evitarían si ambos cónyuges comprendieran bien este aspecto de la vida matrimonial!
c) Planeamiento familiar. “¿Cuántos hijos tendremos?” Tal la pregunta que cada pareja debe responder en forma honesta y responsable. Dicha respuesta estará condicionada por factores económicos, ambientales y de salud; y en lo biológico estará condicionada al factor a que aludíamos en el párrafo anterior. Ese conocimiento permitirá a la pareja
planear sabiamente la cantidad de hijos que desean tener. Así como para la construcción de una casa se trazan primero los planos, se deciden los ambientes que ha de tener, y de acuerdo con éstos y las finanzas se determina el tamaño de la misma, así también los
esposos deberían planear la familia. Nadie tiene derecho de traer al mundo hijos que sean una carga para otros o que tengan que sufrir por falta de ternura, orientación y alimento.
d) Cómo “edificar la casa”.
El hogar es una institución divina. Dios mismo unió a la primera pareja
en el Edén. Y hoy los contrayentes siguen concurriendo al pie de los altares para formalizar sus votos delante de Dios. Nada mejor entonces que los esposos inviten a Dios a ser el Huésped permanente del nuevo hogar. Con su ayuda podrán “edificar” en forma sólida y feliz un hogar sin sombras. Con cuánta belleza y sencillez expresa esta verdad fundamental la Sagrada Escritura en el Salmo 127:
“Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.
Por supuesto, muchas otras cosas debieran saber los esposos y padres, tales como administración doméstica, disciplina de los hijos, etc., temas que veremos en lecciones futuras.
La voz.org

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