23/2/12

REFLEXIÓN 8.- “El Secreto de la Fidelidad”


Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida ni con el vino del rey. Por eso pidió al jefe de los eunucos permiso para no contaminarse. Y Dios concedió a Daniel gracia y buena voluntad ante el jefe de los eunucos. (Daniel 1: 8,9).

Era el 605 AC, la primera de otras invasiones que vendrían sobre Jerusalén, Nabucodonosor Rey de Babilonia, sitió y la tomó, y llevó cautivos a muchos judíos. (Jeremías 39: 1-3). La causa de la caída fue la apostasía general por cientos de años en que Dios espero pacientemente, entre ellos estaba la profanación del santo y bendito Sábado. (Jeremías 17: 20-24). Fueron enviados muchos profetas para despertar al rey y al pueblo de la catástrofe que estaba por venir, pero habían tomado un sendero que no tenía regreso.

“Hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa. Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar”. CS 611

Jugar con el pecado es mortal para toda ser, porque somos transformados a aquello que nos gusta contemplar. Así como al deleitarnos en Dios, somos elevados más y más a su semejanza, el pecado nos degrada paso a paso, nos vuelve seres irracionales que no vivimos más por la razón y la fe en Dios, el instinto y la pasión llegan a ocuparlo y son nuestros guías, y nos tornamos a un estado de salvajismo animal, que la voz de Dios, ya no es oída, y es un fastidio sus reprensiones. Así el pueblo Judio llegaron a cometer los pecados más viles, que ni los paganos habían logrado llegar. Su luz que tenían se convirtió en tinieblas.

En medio de esta oscuridad espiritual y moral, estaban Daniel y sus amigos, como estrellas en medio de la noche. Habían aprendido a tener una experiencia particular con Dios, para ellos Dios y su misión era primero. Daniel y sus compañeros tuvieron que ser instruidos por padres piadosos y temerosos que sentían el gran deber de formar hijos fieles y vencedores. Hijos que un día se enfrentarían solos y lejos del hogar a desafíos que probarían su fe.

Sabes mi amigo(a), algunos padres nos equivocamos al pensar que nuestros hijos nos pertenecen y son de nuestra propiedad, no pensando que algún día le faltaremos, formando hijos sobre dependientes que nunca maduraron y al sentirse solos o solas, recurren como apoyo de su incapacidad al alcohol, tabaco, drogas… u otros vicios perniciosos que no lo harán felices, y si llegan formar sus familias, harán desdichados a sus hijos. Tenemos que formar a nuestros hijos con valores sólidos, día a día mientras los tenemos a nuestro cuidado.

Además para muchos lo primero en su vida es su familia, cónyuge, hijos, padres, trabajo, su carrera, estudios, casa, viajes… entonces cuando faltan estos, su vida se convierte en un invierno. Pero cuando la Misión es primero, no importara que falte, siempre seremos fieles y leales a nuestro Dios. Y ese secreto aprendió Daniel y sus compañeros. Cuando nos proponemos en el nombre de Dios ser fiel, nada, ni nada en este mundo podrá hacer que deshonremos a nuestro Dios. Porque la fidelidad nace en el día a día que le damos el primer lugar a Dios en nuestras vidas, esa práctica hace que en el terreno real de la lucha, somos vencedores. Y Daniel y sus compañeros vencieron y son ejemplos para todos, que el cambio de situación extrema no es excusa para seguir obrando con fidelidad a  nuestros principios.

Todos tenemos la libertad de elegir, nadie puede imponernos nada, si primero no sometemos nuestra voluntad a esa decisión. Este es el secreto de la fidelidad. El señor dice “yo honro a los que me honran” (1Sam. 2:30). Hónralo hoy en tu vida, proponte a ser de Dios el primero en tu vida, en tú día a día y veras los resultados. Cuando tengas que testificar por él, serás un gran vencedor así como Daniel. Dios te bendiga.
 Pio Pablo Huamán Julca

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