2/5/11

"Ten Misericordia de Nosotros"


Pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos
(S. Marcos 9:22).
Resulta claro --aún al más incauto observador– que, biológicamente hablando, los padres humanos no tienen ningún banco genético de ADN que los habilite naturalmente para afrontar los retos espirituales que la paternidad implica. En el reino animal, “el padre”, por lo general, cumple su parte en la procreación y luego se va. ¿Podría pasar lo mismo con los seres humanos, que en vez de superar la vida animal van descendiendo hacia ella?

El evangelio nos habla de un padre desesperado que trajo a su hijo enfermo a Jesús. “Pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”, suplicó (S. Marcos 9:22). ¡Ese padre hizo justamente lo correcto!

Diariamente, de mañana y tarde, arrodíllense y oren los padres por sus hijos. No teman ni se avergüence de hacerlo. Jesús no rechazó a este padre atribulado, ¡ni tampoco lo hará con ninguno otro! Los padres necesitan saber que sus oraciones llegan al trono de Dios. Aun cuando los padres cierren sus ojos en el sueño de la muerte, esas oraciones grabadas ante el trono permanecerán válidas.

Sin embargo, el pobre padre del hijo sin esperanza no sabía cómo orar. Jesús, en su respuesta, devolvió el “si” condicional de la oración del padre: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (vers. 23).

Cuando el padre ora por sus niños debería recordar dos cosas muy importantes:
“El que viene a Dios debe creer que él existe, y que es el galardonador de los que diligentemente le buscan” (Hebreos 11:6). El Padre celestial ama a nuestros niños más que nosotros; por consiguiente podemos orar con la confianza de que él nos oirá y bendecirá. El padre de nuestra historia se quebrantó en lágrimas y clamó: “Creo; ayuda mi incredulidad”
(S. Marcos 9:24).
Amable lector, creamos también nosotros que Dios nos habilitará para que seamos por medio de Cristo, fieles reflejos del Padre celestial.

La voz.org

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