16/4/18

REFLEXIÓN 79. ¿DIOS TIENE PREFERIDOS?


¿A OTROS SALVA Y A OTROS NO? 
 ¿EXISTE EL PREDESTINO? 
“Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane”. 
Juan 12:39,40.

 ¿POR QUÉ NO PODÍAN CREER LOS JUDIOS EN JESUS? 
La presciencia de Dios no impide el libre albedrío. La profecía de Isaías era sencillamente una predicción de lo que había anticipado la presciencia de Dios. "Las profecías no determinan el carácter de los hombres que las cumplen. Los hombres proceden de acuerdo con su libre albedrío" (EGW RH 13-11-1900; ver com. Mat. 1: 22; 
Juan 3: 17-20).

 *Mt. 1:22. Las predicciones acerca de Cristo habían sido hechas en forma sobrenatural; su cumplimiento ocurrió mayormente en forma natural, hasta donde pudieran ver los hombres, pero siempre por medio de acontecimientos ordenados por el que "gobierna el reino de los hombres" (Dan. 4: 17; DTG 120-121; ver com. Luc. 2: 49). Ciertas cosas ocurrieron, no a fin de cumplir la profecía, sino en cumplimiento de la profecía. Por esto, la declaración de Mateo "para que se cumpliese" se debería traducir mejor "en cumplimiento de" (ver com. Deut. 18: 15). 

 ¡OH, AMOR DE DIOS!
 *Juan 3:17-20. El propósito de Dios al enviar a su Hijo al mundo es salvar al mundo. Si debido a la venida del Salvador algunos hombres incurren en condenación, no se puede atribuir la culpa a Dios. La condenación no resulta de la venida de la Luz verdadera (ver com. cap. 1: 4-9) sino de que los hombres deliberadamente se apartaron de la luz porque prefirieron las tinieblas.

 *Los judíos pensaban que el Mesías vendría como un Juez para condenar a los descreídos (ver com. Luc. 4: 19), y que los ángeles se regocijarían por la destrucción de los perdidos (ver com. cap. 15: 7). Pero Cristo no vino a condenar al mundo, como lo merecía, sino a salvarlo (cf. DTG 16).

 *Dios quiere que todos los hombres sean salvados, y mediante la gran dádiva de su Hijo dispuso su salvación. Pero la voluntad de Dios debe ser confirmada por la voluntad de cada uno individualmente a fin de que pueda ser efectiva. La salvación sólo es para los que creen y reciben a Cristo (ver com. Juan 1: 12; 3: 16). 

 ¡EL SER HUMANO DECIDE! 
*Así como los que creen en Cristo son justificados en virtud de su fe en él, así también los que no creen automáticamente son condenados debido a su falta de fe. 
 Nunca fue la voluntad del Padre que algunos rechazaran a Cristo, y los que lo hacen traen así condenación sobre sí mismos. La ausencia de fe salvadora es la que provoca la condenación. "Todo lo que no proviene de fe, es pecado" (Rom. 14: 23).

 El propósito de la venida del Salvador al mundo no fue traer condenación; pero para los incrédulos es un resultado inevitable de su venida. Dios ha predeterminado que los que creen sean salvos y que los que no creen se pierdan; pero ha dejado con cada ser humano la facultad de elegir el creer o no creer. En este sentido, el caso de cada creyente y de cada incrédulo, de cada santo y de cada pecador fue decidido cuando se determinó el plan de salvación, pero se dejó con cada individuo la facultad de elegir ser santo o pecador. Esta es la predestinación bíblica. 

 *En el juicio final, se pronunciará una sentencia sobre los hombres individualmente, así como hace mucho se pronunció sobre ellos una sentencia colectiva. Ver com. Juan 3: 19; 5: 29; Efe. 1: 3-12. *Juan explica cómo viene la condenación sobre los hombres. No es porque Dios quiera que los hombres se pierdan (ver com. cap. 3: 18), sino porque algunos han preferido las tinieblas a la luz. 
 *La sentencia no es arbitraria, sino el resultado inevitable de la ley que estipula que "la paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23). 

 La suerte de cada hombre queda sellada por la forma en que reacciona ante la luz. Mientras los hombres permanecen sin la luz, no hay condenación (Sal. 87: 4, 6; Eze. 3: 18-21; 18: 2-32; 33: 12-20; Luc. 23: 34; Juan 15: 22; Rom. 7: 7-9; 1 Tim. 1: 13), pero cuando la luz de la verdad brilla en sus corazones, "no tienen excusa por su pecado"
 (Juan 15: 22).

 Los que no están dispuestos a renunciar a sus malos caminos prefieren las tinieblas, y al hacerlo, se enceguecen a sí mismos frente a la luz (2Cor. 4: 4). Por otro lado, Jesús ha prometido que el que elige seguirle "no andará en tinieblas" (Juan 8: 12) y que nadie lo "arrebatará" de su mano (cap. 10: 28). 

 *Sólo el que aborrece la luz será cegado por el maligno (ver com. vers. 19). Rehúye la luz por la misma razón por la que un ladrón rehúye a un policía. CBA MHP

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